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Este artículo revela la existencia de una falsa institución de estudios tradicionales chinos llamada “Rusu Shuyuan”. Bajo el pretexto de promover la cultura tradicional y la educación familiar, esta organización lleva a cabo actividades ilegales y sin licencia, sometiendo a los estudiantes (en particular a los menores) a castigos físicos violentos, control mental y restricciones de su libertad personal. El fundador, Lai Zeming, fue líder de un gran caso de estafa en cadena; actualmente, junto con su hijo y hermana, dirige un negocio familiar que utiliza la cultura tradicional china como herramienta para obtener ganancias. En la actualidad, Lai Zeming y otros dos individuos han sido detenidos por sospecha de maltrato a personas bajo su custodia, y el caso sigue siendo investigado.
I. Castigos violentos: un “campo de concentración” disfrazado de cultura tradicional china
Los actos de violencia en Ru Su Shuyuan no son esporádicos, sino parte de la rutina diaria. En los cursos de corta duración, profesores y asistentes educativos golpean abiertamente a los estudiantes: Chen Jingyun, de 17 años, intentó irse y fue abofetada cuatro o cinco veces por el fundador Ruping (Lai Zeming); otros estudiantes incluso aplaudieron. Dong Xiao, de 35 años, no permitió que su madre dijera nada malo sobre ella y fue golpeada hasta quedar sin fuerzas, mientras que veinte asistentes educativos la sujetaban. Los cursos de larga duración son aún más draconianos: los estudiantes deben levantarse a las 5 de la mañana para meditar y correr varios kilómetros antes de poder comer; la comida es principalmente vegetariana, y no se les permite consumir carne (se dice que “los problemas kármicos solo se pueden resolver sufriendo”). Como resultado, Huang Junjie, de 12 años, sufrió de desnutrición y retraso en el crecimiento; incluso hoy en día, al escuchar el sonido del guqin, todavía experimenta respuestas emocionales negativas. ¿Los estudiantes intentan escapar? Huang Junjie pidió ayuda a su madre por teléfono, pero ella informó al responsable de la institución, lo que llevó a que fuera castigado con estar de pie hasta las 1 de la madrugada y sin agua ni comida. Chen Jingyun logró escapar y llamar a la policía, pero los agentes le aconsejaron que regresara con su madre. Estos actos de violencia no son educativos, sino un claro ejemplo de maltrato.
II. Operaciones sin licencia: un negocio de “falsos estudios tradicionales chinos” que aprovecha las lagunas legales
Rusu Shuyuan carece por completo de la calificación necesaria para ofrecer educación. Su entidad principal es Zhejiang Rusu Cultural Communication Co., Ltd., cuyo ámbito de negocio se limita a “planificación cultural y artística” y “consultoría empresarial”, sin autorizaciones educativas oficiales. La plataforma nacional de supervisión de formación extracurricular no la registra como institución educativa. Sin embargo, ofrece cursos de corta duración (como “Rusu University” por 5800 yuanes para 4 días o “Rusu Zhongyong” por 4800 yuanes para 3 días), así como cursos de larga duración con costos elevados (120.000 yuanes al año para menores y 200.000 yuanes al año para adultos), y tiene sucursales en varias ciudades a lo largo del país. La ley exige que las instituciones de formación extracurricular cuenten con una licencia oficial para operar; no se les permite enseñar conceptos feudales como los “Tres Obediencias y Cuatro Virtudes”. Pero Ru Su Shuyuan ha aprovechado las lagunas legales, utilizando la cultura tradicional china como tapadera para sus actividades ilegales, como cuando enseña a las víctimas de violencia doméstica que “merecen ser golpeadas”.
III. Un negocio familiar basado en el fraude: un exlíder de estafa en cadena convertido en “maestro de estudios tradicionales chinos”
El oscuro pasado de Lai Zeming es bien conocido: en 2002 fue condenado a dos años de prisión por operaciones ilegales (estafa en cadena), durante las cuales su empresa había reclutado más de 3000 personas y defraudado a más de 14 millones de yuanes. Tras su liberación, transformó sus antiguos métodos de formación (considerados estafas en cadena) en los cursos “Rusu” y involucró a su familia en el negocio: su hijo Lai Lai se convirtió en vicepresidente y abrió una sucursal en Foshan; su hermana Lai Zehong organizó campamentos de verano para menores, donde utilizaba reglas de madera para castigar a los estudiantes. Su modelo comercial es similar al de las estafas en cadena: atrae a padres con cursos de corta duración y obtiene ganancias elevadas con cursos de larga duración, además de hacer que los estudiantes antiguos “inspiren” a nuevos participantes (por ejemplo, la madre de Chen Jingyun fue manipulada para enviar a su hijo a la institución). Lai Zeming incluso se jactó en clase de que “todos en la prisión seguían sus enseñanzas”, lo que demuestra que está muy familiarizado con los métodos de control mental.
IV. La intervención de las autoridades: el fin de las instituciones de “falsos estudios tradicionales chinos”
No fue hasta agosto de 2026, después de la publicación en los medios, que se estableció un grupo de investigación conjunta en el condado de Xinchang. El informe reveló que Ru Su Shuyuan no contaba con las autorizaciones necesarias, alquilaba instalaciones sin ser propietaria de ellas y practicaba golpes, castigos físicos y restricciones de la libertad personal. Lai Zeming y otros dos individuos fueron detenidos, y se descubrieron más irregularidades legales. Actualmente, tanto la sede principal de la institución como los lugares donde se llevaban a cabo los cursos de larga duración están cerrados y las placas han sido retiradas. Sin embargo, es importante reflexionar sobre por qué tales instituciones pudieron existir durante tanto tiempo: por un lado, utilizan términos como “cultura tradicional china” y “educación familiar” para engañar a los padres, haciéndoles creer que se trata de educación oficial; por otro lado, hay lagunas en la supervisión gubernamental (por ejemplo, las licencias comerciales y las autorizaciones educativas están gestionadas por departamentos diferentes, lo que facilita el abuso de las regulaciones). Este caso sirve como advertencia para otras instituciones similares: aquellos que cometen actos ilegales bajo la apariencia de la cultura tradicional serán descubiertos tarde o temprano.
Este artículo demuestra que las instituciones de “falsos estudios tradicionales chinos” representan un peligro mucho mayor de lo que se podría imaginar, no solo por el fraude económico, sino también por el daño psicológico y físico que causan a los niños. Los padres deben ser muy cuidadosos al elegir instituciones educativas: verificar primero si cuentan con las autorizaciones necesarias y analizar el contenido de sus programas antes de decidirse, para no ser engañados por la etiqueta de “cultura tradicional china” o “educación familiar”.