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La guerra entre Estados Unidos e Irán ha roto la certeza del Oriente Medio como un “lugar prometedor” para que las empresas chinas expandan sus negocios, dejando a los emprendedores chinos de la restauración enfrentarse a problemas como interrupciones en las cadenas de suministro, retiradas de inversiones y fluctuaciones en el flujo de clientes. Sin embargo, la mayoría de ellos ha decidido quedarse, trabajando arduamente en el mercado local, integrándose en la sociedad y estableciendo relaciones de confianza a largo plazo para encontrar oportunidades de supervivencia y desarrollo en tiempos turbulentos. Demuestran la resiliencia del emprendimiento internacional: ya no son “visitantes extranjeros”, sino “operadores locales” que resuenan con las necesidades de esa región.
I. La guerra ha pinchado el “fuego de artificio” de la certeza en el Oriente Medio
¿Por qué atraía el Oriente Medio a las empresas chinas antes? La “Visión 2030” de Arabia Saudita busca independizarse de la dependencia del petróleo, promoviendo la digitalización, la infraestructura y la mejora del consumo. Con una situación política estable y una demanda alta, era un refugio seguro para las empresas chinas en medio de las tensiones entre China y Estados Unidos. Pero con el inicio de la guerra, todo ha cambiado:
- El transporte se ha colapsado: El bloqueo del estrecho de Ormuz ha causado que los contenedores permanezcan flotando durante 9 meses, aumentando los costos de transporte en cuatro veces (de 2000 a 8000 dólares), y la leche de coco se ha agotado durante un año; las tiendas de barbacoa tienen que depender del transporte manual de sus empleados para obtener los ingredientes.
- El dinero se ha ido: Los inversores nacionales se han retirado, por lo que las tiendas de té con leche de soja deben buscar capital local.
- La gente se ha ido: Tres rutas aéreas directas desde Arabia Saudita a China han sido canceladas, y la cantidad de chinos que abandonan el país ha aumentado, lo que ha llevado al traspaso de restaurantes chinos.
- La confianza se ha derrumbado: Aunque las rutas aéreas y los puertos pueden recuperarse, la confianza de los consumidores e inversores debe reconstruirse poco a poco, algo mucho más valioso que el oro.
II. La razón para quedarse: los clientes no son “compatriotas”, sino “locales”
¿Por qué se atreven a no retirarse? La clave está en el cambio de su base de clientes: ya no dependen únicamente de la comunidad china, sino que se centran en los locales:
- Tienda de té con leche de soja WHOA TEA: El 80% de sus clientes son mujeres saudíes (de 13 a 35 años); las ventas diarias no se han visto afectadas debido a la guerra.
- Tienda de barbacoa del noreste de China: La mitad de sus clientes son locales; aunque hay menos clientes chinos durante la guerra, los locales siguen comiendo.
- Restaurante de comida Sichuan en Bagdad: Aunque han perdido clientes chinos, su negocio principal (una planta de acero) opera en el mercado local (el Iraq carece de industria manufacturera, lo que ofrece grandes oportunidades de ganancia).
Su lógica es clara: los chinos son visitantes temporales, mientras que los locales son la base de su negocio.
III. Los desafíos de la internacionalización no son simples “copias y pegadas”
Para quedarse, deben superar varios obstáculos relacionados con la localización:
- Cumplimiento de regulaciones: Los almacenes en Arabia Saudita deben instalar cámaras de videovigilancia conectadas directamente con el gobierno; si no se emplea un cierto porcentaje de personas locales, se imponen multas (una tienda de té con leche de soja fue sancionada con 18.000 riales saudíes porque su cajera no era local).
- Diferencias de gustos: Productos populares en China, como el café de Lu Xing, no son apreciados en Arabia Saudita; las tiendas de barbacoa del noreste de China deben ajustar sus platos (reemplazando los órganos internos por carne de res) y los restaurantes de comida Sichuan deben adaptarse a las regulaciones halal (sin carne de cerdo).
- Eficiencia: Lo que se puede hacer en un día en China, lleva un mes en Irak; la planta de acero no comenzó a funcionar hasta después de un año.
- Construcción de confianza: Los socios iraquíes deben viajar a China y visitar sus hogares para que se genere confianza (no basta con firmar contratos).
IV. Más allá del negocio: pasar de “ganar dinero” a “integrarse”
Ya no son simplemente empresarios chinos que vienen a hacer negocios, sino parte de la vida local:
- Tienda de té con leche de soja: Organizan talleres sobre liderazgo femenino para ayudar a las mujeres saudíes a encontrar su identidad; los clientes utilizan sus envases para crear libros y el té se utiliza en bodas.
- Tiendas de barbacoa: Se han convertido en puntos de encuentro para emprendedores internacionales; los clientes locales invitan a sus amigos, lo que ha ayudado a formar una red de contactos.
- Propietario del restaurante de comida Sichuan: Los locales son amigables con los chinos y los saluden al saber que son chinos; no cobran propinas porque China nunca los ha tratado mal y incluso les ha ayudado en su reconstrucción.
Estas conexiones no son parte de una estrategia de marketing, sino una verdadera integración en la vida local.
V. La realidad del emprendimiento internacional: no es un “golpe de suerte”, sino un trabajo a largo plazo
Su decisión no es basada en un riesgo aislado, sino en un enfoque a largo plazo:
- Tienda de té con leche de soja: Quieren consolidarse primero en los países del golfo y luego expandirse al mercado árabe en general (con una población de 500 millones).
- Tienda de barbacoa: Buscan fortalecer su red de clientes y relaciones.
- Propietario del restaurante de comida Sichuan: En China, sus opciones son limitadas; aquí, sus socios y cadenas de suministro son el resultado de un esfuerzo a largo plazo; retroceder no tiene sentido.
Su consenso es claro: los éxitos se logran con trabajo duro, y una aproximación superficial solo lleva al fracaso. Solo la perseverancia permite superar las dificultades.
Conclusión
La internacionalización no es un acto de aventura, sino una colaboración mutua. Las historias de estos emprendedores demuestran que expandir los negocios en el extranjero significa convertirse en parte de esa sociedad: aceptar sus ventajas y enfrentar sus desafíos. La guerra ha servido como un test para ver quiénes realmente están dispuestos a comprometerse a largo plazo, no solo a obtener beneficios inmediatos, sino a compartir el destino de ese país.