Resumen del contenido principal
El think tank estadounidense ITIF (financiado por gigantes tecnológicos como Intel y Microsoft, y considerado una herramienta política importante en Washington) ha publicado una serie de informes sobre la “movilización para una guerra tecnológica, económica y comercial entre China y Estados Unidos”. El objetivo principal es difamar el desarrollo de China como una forma de “agresión económica”, abogando por la reactivación del “hamiltonianismo” en EE. UU. (una intervención gubernamental fuerte en la industria para promover un “capitalismo de poder estatal”). A nivel internacional, se busca aliarse con otros países para formar una alianza exclusiva contra China. Sin embargo, estas propuestas son lógicamente contradictorias y los datos utilizados son engañosos. En EE. UU., enfrentan oposición por parte de Wall Street y los grupos progresistas; a nivel internacional, sus aliados (Europa e India) así como los países del Sur Global (África y América Latina) han visto a través de su naturaleza hegemónica y no están dispuestos a cooperar. En última instancia, esto podría llevar a que EE. UU. se limite a sí mismo.
I. La esencia del informe: Utilizar la “amenaza china” para impulsar reformas internas en EE. UU.
El ITIF no es una organización marginal; detrás de él están gigantes tecnológicos como Apple y Nvidia, y sus informes influyen directamente en las políticas del Congreso y la Casa Blanca. El verdadero propósito de esta serie de informes no es realmente “ganar” contra China, sino utilizar el sentimiento de crisis de una guerra entre China y EE. UU. para obligar al país a llevar a cabo reformas que de otro modo no se realizarían: por ejemplo, hacer que el gobierno subsidie a las grandes empresas (rompiendo con la tradición de no favorecer a un ganador claro), dirigir el capital financiero hacia la industria real (en contraposición a los intereses de Wall Street) y adaptar la educación para satisfacer las necesidades industriales del país (desafiando la tradición individualista). En resumen, China es solo un chivo expiatorio; EE. UU. busca resolver sus propios problemas de desindustrialización.
II. La base teórica: Utilizar el “hamiltonianismo” pero crear ansiedad con índices poco fiables
El informe se basa en el “hamiltonianismo”, la filosofía política defendida por el fundador de EE. UU., Alexander Hamilton, quien sostuvo que el gobierno debía apoyar a la industria manufacturera para evitar que el país quedara atrapado en una economía agrícola. Ahora, el ITIF presenta esta antigua teoría como parte de la “tradición estadounidense” para evitar ser acusado de imitar a China. Sin embargo, los datos utilizados para respaldar esta teoría (el “Índice Hamilton”) son poco sólidos: mide la concentración industrial utilizando el “coeficiente de localización” (LQ), que calcula la proporción del PIB industrial de un país en el PIB mundial. Por ejemplo, aunque la agricultura estadounidense representa el 10% del PIB global, su LQ es solo de 0.25, lo que indica una “debilidad extrema” de esta industria, lo cual es absurdo. Países como Taiwán y Corea del Sur tienen un LQ alto debido a su pequeño PIB, pero su poder económico real es mucho menor que el de China y EE. UU.; sin embargo, el ITIF utiliza este índice para demostrar la “amenaza china”, lo que en realidad es una forma de utilizar cifras para crear ansiedad y justificar políticas específicas.
III. La estrategia principal: Reformas internas bajo la apariencia del “capitalismo de poder estatal” y alianzas externas para bloquear a China
La estrategia del informe se divide en dos partes:
- A nivel interno: Se busca transformar el “capitalismo financiero” (que fluye hacia Wall Street y los dividendos de los accionistas) en un “capitalismo de poder estatal”, donde las empresas invierten en industrias clave (semiconductores, farmacia, etc.) y el gobierno proporciona subsidios. La educación debe abandonar las ciencias sociales humanísticas para centrarse en la formación de talento industrial. Estas reformas afectarán los intereses de Wall Street (que pierde ingresos por menos dividendos) y los grupos progresistas (que ven esto como una desigualdad). Será difícil implementarlas.
- A nivel internacional: Se propone establecer “Acuerdos Económicos y Tecnológicos Estratégicos” (STEA, similares a la OTAN en el ámbito comercial) para restringir el acceso de China a tecnologías y mercados. En los países del Sur Global, se utilizarán métodos poco transparentes (como el soborno) para ganar mercado. El problema con esta estrategia es que sus aliados no son ingenuos: Europa teme convertirse en un satélite de EE. UU., India teme ser el siguiente objetivo de sanciones, y los países del Sur Global ven esto como una nueva forma de colonialismo.
IV. La reacción internacional: Aliados y países del Sur Global no quieren ser “instrumentos” de EE. UU.
- Europa: El think tank ECFR considera que el STEA es un “veneno que divide a Occidente”. Europa no quiere sacrificar su soberanía y sus intereses comerciales para contener a China, ni desea que EE. UU. atraiga su capital (como lo hace con la ley de chips estadounidense).
- India: Los think tanks principales son muy conscientes de ello: EE. UU. busca aliarse con India por su población y mano de obra barata; sin embargo, si India se convierte en una amenaza para las industrias estadounidenses, podría ser sancionada. India desea aprovechar la competencia entre China y EE. UU. para desarrollarse, pero no quiere ser un peón.
- África/Latamérica: Denuncian abiertamente que esto es un nuevo tipo de colonialismo; el ITIF propone usar sobornos e inteligencia para ganar mercado, lo cual revela la hipocresía de EE. UU. en materia de derechos humanos. África busca recursos de ambos lados, mientras que América Latina condena esto como una versión del “imperialismo del siglo XXI”.
V. Contradicciones y hipocresía: Por un lado, criticar a China por su “sistema estatal”; por otro, adoptar un sistema similar en EE. UU.
Lo más irónico de los informes es la doble moralidad:
- Por un lado, se critica a China por su “sistema estatal” que distorsiona el mercado; por otro, se aboga por que el gobierno estadounidense subsidie directamente a las grandes empresas e intervenga en la industria. Esto es precisamente lo que constituye un “sistema estatal”, solo que presentado como parte de la “tradición estadounidense”.
- Se dice que China es agresiva, pero los datos muestran que las industrias clave chinas representan el 24.9% del PIB mundial, mientras que EE. UU. tiene el 22.3% y la UE el 21%, lo que significa que cada país tiene una participación equitativa. Las industrias dominantes de China (trenes de alta velocidad, energías renovables) fueron en su mayoría abandonadas por EE. UU., no “robadas”.
- Lo peor es que el concepto de “industrias de poder estatal” propuesto por el ITIF podría dividir los mercados globales; los aliados podrían usar excusas similares a las de “seguridad nacional” para contraatacar a EE. UU., lo que finalmente reduciría la eficiencia industrial mundial y afectaría negativamente a EE. UU. mismo.
Conclusión
Los informes del ITIF son en realidad un pretexto utilizado por los elitistas estadounidenses para resolver sus propios problemas, pero su lógica es contradictoria y no gozan de apoyo popular. El desarrollo de China es el resultado de la cooperación abierta, mientras que EE. UU. intenta usar la confrontación cerrada contra la apertura, lo que solo llevará a una mayor aislación tanto a nivel nacional como internacional. Los países del Sur Global ya han comprendido que, en lugar de elegir un bando, es mejor aprovechar la competencia entre China y EE. UU. para obtener más recursos para su propio desarrollo. Este podría ser el resultado que menos desea ver EE. UU.