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Entrenador de clases grupales: controla de manera estricta a los adultos que carecen de afecto en todo el gimnasio

原文:团课教练,硬控整间操房的缺爱成年人

Resumen del contenido principal

Esta noticia trata sobre cómo los instructores de clases grupales de gimnasio se han convertido accidentalmente en “ídolos populares”. Muchos miembros los siguen con una pasión similar a la que se tiene por las estrellas: compiten por los asientos delanteros, excluyen a otros seguidores, viajan a otras ciudades para asistir a las clases y ofrecen comida y bebida, e incluso surgen pequeños grupos que se enfrentan entre sí. Los nuevos miembros son rechazados por estos grupos, y los instructores se encuentran en una situación difícil entre mantener sus resultados gracias a sus seguidores y evitar que estos excedan los límites. La razón detrás de esto es que las clases grupales ofrecen una buena relación calidad-precio, los instructores tienen un atractivo “amigable y cercano” para los miembros, y estos buscan sentirse parte del lugar y reconocimiento en un entorno en el que no reciben suficiente atención en la vida real.

I. La escena de “admiración” en el gimnasio: miembros más locos que los fans

Los gimnasios de clases grupales se han convertido en pequeños escenarios de admiración, con comportamientos exagerados que son tanto divertidos como sorprendentes:

  • El grupo de tías dominantes: Mujeres de las generaciones de 70 y 80 envían “espías” para reservar asientos con antelación y usan botellas de agua como barreras para protegerlos; si una botella se cae, pueden ser regañadas.
  • Los “fanáticos exclusivos” del instructor: Mujeres de mediana edad se maquillan exageradamente para cada clase, usan el coche del instructor, guardan su equipamiento en el maletero y excluyen a otras mujeres para conseguir un mejor lugar.
  • Los hombres que se hacen notar: Hombres de mediana edad en las filas traseras atraen la atención del instructor con sus respiraciones exageradas y gritos, viviendo su propio sueño de protagonismo.
  • Los grupos de apoyo variados: Algunos ayudan al instructor a registrarse antes de la clase, otros crean grupos después de la clase (como asistentes de ventas), otros ayudan a organizar el equipamiento, otros gritan durante la clase (para mantener el ambiente), y otros llevan bebidas frías, panqueques de plátano o incluso platos preparados por el instructor (como verdaderos chefs).
  • Los seguidores que viajan a otras ciudades: Cuando el instructor da clases en otra ciudad, los fans viajan en tren de alta velocidad y escriben en sus redes sociales que “quieren ser valientes una vez en la vida”, aunque en realidad van a otro gimnasio para asistir a la clase.

II. El “pesadillo” de los nuevos miembros: las barreras de los grupos en el gimnasio

Para los nuevos miembros que asisten a una clase grupal por primera vez, el gimnasio se siente como un círculo exclusivo:

Por ejemplo, una nueva miembro llamada Anqi asiste a una clase de Zumba y descubre que las personas delanteras bloquean al instructor, impidiéndole ver las instrucciones; pasa 44 minutos de la clase deseando poder participar activamente. Los miembros habituales del grupo delantero charlan y ríen con el instructor. Al final, Anqi comenta que no quiere gastar dinero para estar cerca de alguien que no la trata con respeto y decide no volver más.

Estos grupos actúan como “paredes invisibles” que excluyen a los nuevos miembros: si no compras la misma ropa de gimnasio o no te unes a su grupo, no puedes acercarte al instructor. Incluso hay quienes se enfadan por la distancia entre las colchonetas de yoga, solo para estar más cerca de él.

III. La difícil situación del instructor: un trabajo tan complicado como el de un relaciones públicas

La vida de un instructor de clases grupales no es fácil:

  • Presión de resultados: Los requisitos para ser contratado son bajos (solo necesitas saber cómo dirigir la clase), pero la competencia es feroz y debes depender de tus seguidores para mantener las clases (se necesita al menos 3 inscripciones para que la clase tenga lugar).
  • La carga de ser un “ídolo”: Los instructores hombres deben ser atractivos, altos y amables; las mujeres deben ser hermosas y tener músculos, además de saber cómo interactuar con los miembros (elogiarlos durante la clase y mantener buenas relaciones después).
  • Evitar los excesos: Cuando los seguidores son demasiado entusiastas y forman grupos que excluyen a los nuevos miembros, los instructores deben encontrar un equilibrio para no herir sus sentimientos. Un instructor dijo que es como trabajar en relaciones públicas en Kabukicho.

IV. ¿Por qué los instructores de clases grupales se han convertido en “ídolos populares”? Tres razones principales

No todas las profesiones pueden convertirse en ídolos populares, pero los instructores de clases grupales cumplen con varios criterios:

1. Excelente relación calidad-precio: Son mucho más económicos que seguir a una estrella de K-pop; las clases grupales en gimnasios de cadena son gratuitas, y las clases de marcas de alta gama cuestan solo unos pocos euros. Comprarle un café al instructor puede hacer que te recuerden; viajar a otra ciudad para asistir a la clase y comer algo cuesta alrededor de 1000 yuanes, lo que es mucho más económico que los gastos de un viaje para ver a tu “ídolo real”.

2 Carisma amigable: Los instructores son considerados “ídolos cercanos” a los miembros: llegan a tiempo, no son arrogantes, interactúan mucho durante la clase (con orientación personalizada) y toman fotos de los miembros para compartir en redes. Estos detalles hacen que los miembros se sientan valorados, lo que es más reconfortante que la indiferencia de la vida real.

3 Satisfacción de necesidades emocionales: Muchos miembros carecen de atención en la vida real (por ejemplo, sus esposos no los tratan con cariño o no tienen amigos); los 45 minutos en el gimnasio les brindan un sentido de pertenencia y reconocimiento, aunque sea solo por un momento.

V. “La guerra” en el gimnasio: no se trata de los instructores, sino del deseo de ser reconocidos

Detrás de estos comportamientos exagerados hay un anhelo de ser valorados. El gimnasio, aunque pequeño, funciona como una microsociedad donde los miembros compiten por posiciones, excluyen a otros y intentan ganarse el favor del instructor para obtener “estatus” y reconocimiento. Lo que más carecen en la vida real, es lo que buscan en el gimnasio: aquellos que no son valorados por sus familias o amigos intentan demostrar su importancia a través del favor del instructor; aquellos sin amigos buscan un sentido de pertenencia en estos grupos.

Como dice un usuario de internet: “Si tu esposo no te trata bien o tus hijos no son obedientes en casa, solo puedes compensarlo a través de otros canales”. En realidad, lo que todos buscan no es al instructor, sino ese poco de “reconocimiento” que les falta en la vida real.

En resumen, el gimnasio, que debería ser un lugar para hacer ejercicio, se ha convertido en un lugar donde las personas buscan calor humano y reconocimiento. Algunos encuentran felicidad allí, otros son excluidos, otros se convierten en “ídolos” y otros buscan sentirse parte de algo. En el fondo, todos buscan un poco de ese calor y atención en sus vidas cotidianas.