虎嗅

“Un nuevo orden ha llegado, y aún no estamos preparados”.

原文:新秩序已经到来,我们还没准备好

Resumen en lenguaje sencillo del contenido principal

Este artículo desmitifica la autocompasión de muchas personas en los últimos años: lo que estamos experimentando no es simplemente un “dolor anormal” a corto plazo debido a la pandemia o a las guerras comerciales, sino que el antiguo orden mundial liderado por Estados Unidos, que ha prevalecido durante casi 80 años desde la Segunda Guerra Mundial, ha colapsado por completo. Estamos en un período de transición en el que las viejas reglas ya no funcionan y las nuevas aún no se han establecido. La mayoría de las personas no se han dado cuenta de esto o no quieren reconocer esta realidad, y continúan fingiendo que todo volverá a la “normalidad” de 2019. Sin embargo, en todos los períodos de caos en la transferencia de poder en la historia, aquellos que se niegan a adaptarse y se aferran a la lógica antigua acaban pagando un precio muy alto. La verdadera preparación para tiempos turbulentos no consiste en acumular oro o obtener pasaportes, sino en abandonar la ilusión de “esperar a los rescuers” o el regreso del viejo orden, y en crear múltiples vías de supervivencia que no estén atadas a una sola regla.

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Interpretación detallada en puntos sencillos

1. Dejen de engañarse a sí mismos pensando que son “cambios temporales”: el viejo orden realmente ha muerto

Muchas personas creen que el caos actual es temporal y que todo mejorará en dos años, pero hay señales claras de que el viejo orden ha llegado a su fin:

  • Desde la Segunda Guerra Mundial, el número de conflictos armados a nivel mundial ha alcanzado su nivel más alto en 80 años, con 65 incidentes. Antes, las grandes potencias dominaban a las pequeñas; ahora, un dron civil puede destruir millones de misiles enemigos, y las reservas de municiones de Estados Unidos ya se han reducido significativamente.
  • La deuda del gobierno estadounidense ha superado los 40 billones de dólares, y todos los tratados de control nuclear heredados de la Guerra Fría han quedado invalidados. El “reloj del fin del mundo” creado por científicos que desarrollaron las bombas atómicas ahora marca solo 85 segundos antes de la medianoche, lo que representa un peligro aún mayor que durante la crisis de los misiles cubanos.
  • Lo más irónico es que Estados Unidos, que ayudó a establecer el viejo orden, ahora está contribuyendo a su destrucción: impone aranceles a aliados como Canadá y Europa, y ha manifestado su intención de comprar Groenlandia, incluso amenazando con el uso de la fuerza. Antes era el “administrador” del orden mundial; ahora, en lugar de mantener el orden o resolver disputas, está robando recursos de los demás.
  • Lo que realmente sucede no es una “desorganización mundial”, sino que el “administrador” se ha ido y las personas siguen luchando por el control del territorio sin reglas claras.

2. El caos actual no es sin estructura; son los actores antiguos y nuevos cambiando de “pista” en secreto

Muchas personas piensan que todo el mundo está actuando de manera caótica, pero en realidad dos fuerzas opuestas están en juego:

  • Los beneficiarios del viejo orden (Estados Unidos) ya se han dado por vencidos y prefieren vivir de los ingresos generados por el dinero (imprimiendo dólares, cobrando derechos de patente, explotando el sistema de pagos globales), vendiendo “papel” (dólares, bonos, certificados de patente).
  • Los nuevos actores, por otro lado, se centran en desarrollar cosas tangibles (barcos, redes eléctricas, baterías, recursos mineros, cadenas de suministro): ganan dinero creando productos reales.
  • Durante la Guerra Fría, los límites se establecían mediante acuerdos como los de Yalta; ahora nadie se sienta a negociar. Quien toma el control de un territorio lo tiene, sin reglas ni garantías. Es como si los jefes de empresas antiguas se contentaran con sus beneficios pasados mientras sus empleados abren nuevos negocios en secreto. Los nuevos sistemas aún no están definidos, y quien ocupe primero la “pista” tendrá la voz decisiva.

3. ¿Por qué tantas personas inteligentes fingen que todo está bien a pesar del caos?

Cuando un viejo orden está en su momento final, la mayoría pretende que todo sigue como siempre. No es estupidez, sino que el costo de reconocer el cambio es demasiado alto: los reyes como Luis XVI, el zar Nicolás II de Rusia y los líderes de la República de Weimar creían que todo estaría bien, a pesar de la crisis. Esto ocurre porque sus riquezas, poderes y posiciones estaban vinculados al viejo orden; si lo reconocieran, perderían todo. Para nosotros, las hipotecas, las casas en zonas educativas, las habilidades profesionales y los planes de carrera que hemos construido se basan en el supuesto funcionamiento permanente del viejo orden. Reconocer que el mundo ha cambiado significaría que todo nuestro esfuerzo habría sido en vano, por lo que preferimos seguir fingiendo.

4. El 90% de las preparaciones que pensábamos que eran necesarias para tiempos turbulentos son inútiles

Muchos creen que están preparados para la incertidumbre: acumulando oro, obteniendo pasaportes extranjeros o construyendo refugios en las afueras de la ciudad. Sin embargo, estas medidas son ineficaces bajo el nuevo orden. El valor de estos bienes proviene del viejo orden; si las reglas cambian, perderán su valor. La verdadera preparación consiste en desarrollar habilidades que no dependan de un único sistema (por ejemplo, ser capaz de reparar paneles solares que todos necesitan, escribir código abierto que sea útil en varias industrias, tener recursos en diferentes campos). No vincular todas nuestras posesiones y identidades a una sola regla nos da flexibilidad.

5. Esta vez no habrá superhéroes para salvarnos; quienes esperen a los rescuers terminarán sin nada

Antes, siempre había alguien que podría intervenir (Estados Unidos o las Naciones Unidas). Pero ahora eso ya no es posible. En situaciones como los desastres en Nepal o Tibet, no hubo ayuda de las grandes potencias. Quienes esperan a un nuevo presidente o un acuerdo de paz no recibirán lo que anhelan. Los que sobrevivan no serán aquellos que se quedan en casa esperando; serán aquellos que toman la iniciativa para cambiar las reglas o diversifican sus recursos. La historia nunca avisa con anticipación; los sobrevivientes son aquellos que se adaptan a los cambios desde el principio.