Ex alto funcionario económico de EE. UU. advierte: Si queremos revitalizar la industria manufacturera, no tratemos a China como un “enemigo”
Hola a todos, soy vuestro periodista financiero. Hoy vamos a hablar sobre un artículo muy interesante, incluso podría decirse que “rebelde”.
¿Cuál es el eslogan más popular en la política estadounidense en estos momentos? Es “deschinarse de China”, “desvincularse” y “mantener a China fuera”. Incluso el secretario de Transporte escribió una carta criticando a Ford Motor, diciendo que su colaboración con CATL de China es una “vinculación excesiva” y un “traición”.
Pero, en medio de este alboroto anti-chino, Brian Deese, ex director de la Comisión Económica de la Casa Blanca y cerebro de política durante la era de Obama, publicó un artículo en la revista Foreign Affairs que echó un balde de agua fría sobre la política estadounidense. Su punto central es muy contundente: Si queremos revivir la industria estadounidense y alcanzar el nivel de China en tecnología de vehículos eléctricos y baterías, no podemos mantener a China fuera. Cuanto más la rechazamos, más rápido morirá la industria manufacturera estadounidense.
Este artículo no solo defiende a Ford Motor, sino que también desafía la lógica actual de revisión de inversiones extranjeras en Estados Unidos. A continuación, desglosaré este artículo en cinco partes para que veáis qué está diciendo este ex alto funcionario estadounidense y qué significa para nosotros.
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1. La situación actual: Estados Unidos se está “autolesionando”, excluyendo tanto a aliados como a oponentes
Primero, debemos entender en qué contexto se expresa Deese.
Recientemente, el secretario de Transporte de EE. UU., Shawn Duffy, escribió una carta dura al CEO de Ford, Jim Farley, acusando a Ford de usar tecnología de CATL en su planta de baterías en Míchigan y de colaborar con Geely en Europa, considerando que esto “vincula en exceso” el futuro de Ford a China, y exigiendo que Ford se “deschine de China” rápidamente.
La respuesta de Ford fue contundente: Farley replicó que Duffy se equivocaba, ya que la planta es completamente propiedad y operada por Ford, y la colaboración con CATL es solo una licencia tecnológica; además, están introduciendo capacidades de fabricación avanzadas en EE. UU., no dependiendo de China.
Deese señala que esto no es solo una pelea verbal entre Ford y el secretario de Transporte, sino un reflejo de la política estadounidense actual. Desde la cima hasta las bases, desde el gobierno federal hasta los estados, se está adoptando una “política industrial defensiva”.
Interpretación sencilla:
Es como si quisieras abrir un restaurante y preparar platos deliciosos. Descubres que la receta del vecino chino es excelente, así que vas a pedirle la receta o le pides que te enseñe a cocinar. Pero de repente, tu jefe (el gobierno estadounidense) sale y te regaña: “¿Cómo te atreves a aprender de él? ¡El vecino es un competidor! ¡Debes buscar por tu cuenta, incluso si los platos que preparas no están buenos, no puedes relacionarte con él!”
Deese cree que esta actitud de “mejor errar que dejar pasar” no solo se aplica a China, sino también a los aliados. Por ejemplo, se han propuesto impuestos a las propiedades estadounidenses en manos de aliados, y el Congreso tiene proyectos de ley para imponer impuestos a las inversiones extranjeras. Este enfoque en realidad está bloqueando a las empresas estadounidenses de obtener las tecnologías más avanzadas y la experiencia de gestión más moderna. Estados Unidos está intentando lograr una “renovación industrial” de manera aislada, lo cual es contradictorio en términos lógicos.
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2. Lecciones históricas: Estados Unidos se ha vuelto poderoso porque fue un “gran imitador”
Deese dedica mucho espacio en su artículo a revisar la historia, y su punto central es que la imitación es el mayor elogio, y los momentos más exitosos de la historia de EE. UU. fueron cuando fueron buenos para “robar conocimientos”.
Da dos ejemplos clásicos:
- La pólvora de DuPont: A principios del siglo XIX, después de la independencia de EE. UU., necesitaban pólvora para la guerra, pero no tenían la tecnología local. Entonces, el químico francés DuPont trajo la tecnología avanzada de fabricación de pólvora a EE. UU. y fundó la compañía DuPont, que luego se convirtió en un gigante de la industria química estadounidense. Sin la tecnología francesa, la industria militar estadounidense no habría podido levantarse.
- La transformación de General Motors por Toyota: En la década de 1980, los automóviles estadounidenses estaban siendo derrotados por los japoneses. General Motors colaboró con Toyota y llevó el avanzado sistema de producción en masa de Toyota a su planta de Fremont, California. En dos años, esa planta, que antes era ineficiente, se convirtió en la más eficiente del país. El método aprendido por General Motors se convirtió en el estándar en la fabricación de automóviles estadounidense.
Interpretación sencilla:
Lo que Deese quiere decir es que EE. UU. nunca ha dominado el mundo con tecnología “pura”. Su fuerza radica en su capacidad de “asimilación”. Son buenos para tomar lo bueno de otros y convertirlo en su propio.
El actual Chip and Science Act sigue esta lógica: EE. UU. paga a empresas como Samsung y TSMC para que construyan fábricas en el país con el objetivo de que los trabajadores estadounidenses aprendan a fabricar chips. Si no pueden hacer eso, ¿para qué necesitan un Chip and Science Act?
Deese menciona específicamente que China ha hecho lo mismo durante las últimas décadas: ha atraído inversiones de empresas estadounidenses, ha aprendido de su tecnología y gestión, y luego los ha superado. Ahora le toca a EE. UU. Si quieren alcanzar la ventaja de China en vehículos eléctricos y baterías, el camino más realista es seguir el ejemplo de China: apertura, aprendizaje y asimilación.
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3. El dilema actual: El caso de CATL es el “ejemplo” que más necesita EE. UU.
Deese analiza en detalle el proyecto de la planta de baterías de Ford y CATL en Míchigan. Cree que este proyecto ha sido atacado políticamente porque es demasiado “perfecto”, lo que inquieta a aquellos con motivos políticos.
Este proyecto tiene varias características clave:
1. Propiedad clara: La planta es 100% propiedad de Ford; CATL no tiene acciones.
2. Licencia tecnológica: Ford paga por la licencia tecnológica de CATL y recibe formación para su personal.
3. Objetivo final: Ford espera poder independizarse de CATL y producir por sí mismo en el futuro.
Deese cree que este es el modelo que EE. UU. debería alentar: las empresas estadounidenses deben mantener el control, las empresas extranjeras proporcionan la tecnología, y EE. UU. acumula capacidad a través de la práctica.
Sin embargo, el actual sistema de regulación estadounidense (CFIUS, Comisión de Inversiones Extranjeras de EE. UU.) es como una máquina que solo dice “no”. Es bueno para revisar riesgos y evitar transacciones, pero no para aprobarlas.
Interpretación sencilla:
Es como si quisieras pedir prestada la escalera del vecino para reparar el techo. El vecino (CATL) está de acuerdo, pagas el alquiler y te aseguras de la seguridad; después de reparar el techo, devuelves la escalera. Pero el comité del vecindario (CFIUS) dice: “No, el vecino es un extranjero, ¿y si roba tu privacidad mientras usa la escalera? ¿Y si controla tu techo?” Entonces inician un montón de procedimientos de revisión que son largos y difíciles, y al final o retrasan la transacción o hacen que las empresas decidan no participar.
Deese señala que el CFIUS solo revisa las adquisiciones de acciones y que las colaboraciones como la licencia tecnológica de Ford están en una zona gris de la regulación. Debido a la falta de un canal claro de aprobación, este tipo de colaboración se convierte fácilmente en un objetivo de ataques políticos. El Congreso incluso ha amenazado con cancelar las exenciones fiscales de la planta de Ford, bajo el pretexto del “riesgo para la seguridad nacional”. Deese cree que esto es un ejemplo típico de “rechazar la posibilidad por miedo a un posible problema”.
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4. Soluciones: No solo centrarse en los “riesgos”, sino también en los “beneficios”, y establecer un sistema de aprobación por niveles
La sugerencia principal de Deese es que EE. UU. necesita un nuevo marco de regulación que pase de un enfoque de “rechazo por defecto” a uno de “aprobación condicional”.
Propone varias direcciones de reforma:
1. Diferenciar entre aliados y oponentes: Simplificar los procedimientos de revisión para aliados (como Japón, Corea del Sur, países europeos) e incluso expandir la lista de exenciones.
2. Implementar el modelo FOCI (Foreign Ownership, Control, or Influence): Sugiere que EE. UU. adopte el sistema FOCI del Departamento de Defensa para gestionar a los contratistas de defensa extranjeros.
- Ejemplo: La empresa británica BAE Systems, aunque es propiedad completa de su empresa matriz británica, tiene un consejo de administración estadounidense independiente para sus operaciones en EE. UU., y los puestos clave están ocupados por estadounidenses con autorizaciones de seguridad. De esta manera, EE. UU. obtiene la tecnología y la capacidad de BAE, pero evita la divulgación de información confidencial.
- Aplicación: Deese cree que este modelo se puede extender a campos clave como chips, baterías y drones. Si el riesgo es la divulgación de información, se puede resolver a través de la separación de datos y la limitación del poder del consejo de administración, en lugar de prohibir la inversión directamente.
3. Cambiar los criterios de evaluación: En lugar de basarse en “ningún riesgo”, se debe evaluar el beneficio neto de la transacción para EE. UU. Si una transacción puede crear miles de empleos, mejorar la seguridad de la cadena industrial estadounidense y permitir que EE. UU. domine tecnologías clave, entonces, incluso si hay algún riesgo, debería ser aprobada si este es controlable.
Interpretación sencilla:
La regulación actual de EE. UU. es como un guardia extremadamente ansioso que, al ver a un extraño entrar, lo echa sin importar si viene a entregar un paquete o a robar algo. Deese sugiere que el sistema debería ser más inteligente:
- Si es un conocido (un aliado), debe poder entrar con facilidad.
- Si es un extraño (una empresa china), no debe ser rechazado de inmediato, sino que se le debe dar un “pase temporal” que le permita operar en áreas específicas (licencia tecnológica) y no acceder a áreas críticas (datos confidenciales), y debe estar acompañado por guardias estadounidenses (un consejo de administración independiente).
- Si ese extraño puede ayudar a reparar equipos clave para la planta (mejorar la capacidad industrial), entonces su entrada puede ser beneficiosa.
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5. La lógica subyacente: Un cambio dentro del Partido Demócrata y la reflexión sobre China
El artículo de Deese no es solo una sugerencia política técnica; también refleja un sutil cambio dentro del Partido Demócrata en EE. UU.
Durante mucho tiempo, el Partido Demócrata ha tendido hacia el multilateralismo y el libre comercio en asuntos exteriores, pero ha sido muy duro en cuestiones de seguridad. Como ex alto funcionario del gobierno de Obama, sus opiniones representan la voz de los “pragmáticos” dentro del partido: la ideología no debe prevalecer sobre la competitividad industrial.
Advierte que si EE. UU. continúa utilizando el “anti-chino” como una postura política correcta sin tener en cuenta la realidad industrial, lo que se dañará son los empleos de los trabajadores estadounidenses y la competitividad global del país. Aunque el gobierno de Trump también fue proteccionista, lo hizo más por espectáculo y aranceles; si el Partido Demócrata puede encontrar un equilibrio entre “apertura” y “seguridad” y establecer un sistema de aprobación institucionalizado, podrían avanzar más en política industrial.
Implicaciones para China:
Aunque este artículo critica la política estadounidense, también contiene varios mensajes importantes para China:
1. El establishment estadounidense está comenzando a reflexionar sobre los costos de la “desvinculación”: Deese señala claramente que sin tecnología china, EE. UU. tendrá dificultades para alcanzar a China en áreas como los vehículos eléctricos y la energía almacenada. Esto indica que hay un creciente cuestionamiento dentro de EE. UU. sobre la “desvinculación total” de China.
2. El cambio en la lógica de “intercambiar tecnología por mercado”: Antes, China utilizaba su mercado para obtener tecnología; ahora Deese sugiere que EE. UU. utilice “acceso al mercado más control sobre la tecnología” para obtener tecnología china. Esto muestra que la tecnología china (como las baterías) ya es lo suficientemente atractiva como para ser esencial para la modernización industrial de EE. UU.
3. El juego económico entra en una fase más detallada: En el futuro, las relaciones económicas y comerciales entre China y EE. UU. probablemente no sean simplemente una cuestión de “comprar” o “no comprar”, sino una combinación compleja de “colaboración, aislamiento y regulación”. Las empresas chinas que salen al extranjero necesitarán diseñar estructuras de transacción más detalladas (como licencias tecnológicas en lugar de adquisiciones de acciones) para cumplir con las nuevas regulaciones posibles de EE. UU.
En resumen:
El artículo de Deese es una llamada de atención. Les dice a los políticos estadounidenses que la revitalización industrial no se logra con insultos ni con bloqueos, sino a través del aprendizaje, la asimilación y la transformación. Si EE. UU. realmente quiere tener éxito, debe aprender de los mejores del mundo, incluida China, y utilizar sistemas más inteligentes para gestionar los riesgos, en lugar de imponer prohibiciones drásticas.
Para el público en general, esto significa que la industria manufacturera estadounidense probablemente dependerá más de las cadenas de suministro globales, y la competencia entre China y EE. UU. pasará de “ver quién es más cerrado” a “quién es más capaz de utilizar los recursos globales”. Esto es tanto un desafío como una oportunidad.