Resumen del contenido principal
Este artículo se centra en las dificultades de la educación integrada en los jardines de infancia de los pueblos: la disminución de la natalidad ha provocado una reducción drástica en el número de niños matriculados (los jardines públicos han reducido sus clases y algunos privados han cerrado). Para sobrevivir, estos centros han tenido que bajar los requisitos de admisión, aceptando cada vez a más niños con necesidades especiales (como autismo o retraso en el desarrollo). Sin embargo, los maestros de infancia comunes no tienen experiencia en educación especial, los padres de estos niños no pueden permitirse intervenciones profesionales y los padres de niños sin necesidades especiales temen que sus hijos se vean afectados. Además, los recursos de educación especial en los pueblos son escasos, lo que deja a maestros, familias de niños con necesidades especiales y familias de niños comunes en una situación difícil.
1. Maestros de infancia comunes: como “bomberos” sin “extintores”
La mayoría de los maestros de los jardines de infancia de los pueblos provienen de formaciones tradicionales y no han recibido educación sobre educación especial. Por ejemplo, Chen Yun de Shanxi, que se graduó hace tres años, tiene que cuidar de 35 niños todos los días y lidiar con situaciones imprevistas relacionadas con ellos. Un niño llamado Hao Hao orina y defeca en cualquier lugar; ella tiene que llevarlo al baño, el personal de cuidado limpia las residuos y otro maestro calma a los demás niños. Si Hao Hao huye, ella debe perseguirlo; si los padres se quejan, ella tiene que mostrar sus certificados para demostrar que es competente.
Intenta entrenar a Hao Hao siguiendo consejos de maestros de educación especial en línea (por ejemplo, hacer que se siente durante 3 minutos para recibir una pegatina), pero esto le consume toda su energía, ya que también tiene que dar clases de ciencias y arte y ocuparse de que los niños duerman y se peinen. Lo que más la molesta es que “Hao Hao no entiende lo que le digo y temo retrasarlo”. No hay maestros de educación especial en los jardines públicos del condado, así que ella tiene que hacerlo sola, sintiéndose frustrada e impotente.
2. Padres de niños con necesidades especiales: luchando entre “dinero, tiempo y prestigio”
El costo de criar a un niño con necesidades especiales es enorme para las familias de los pueblos. Por ejemplo, el hijo de Lang Xinyu, Cheng Cheng, cuesta 4500 yuanes al mes en la escuela especial, mientras que el salario promedio en el condado es de solo 3000-6000 yuanes. Lang trabaja como fotógrafo independiente y no gana suficiente en las temporadas altas; además, tiene que trabajar a tiempo parcial organizando eventos, y sus abuelos ayudan económicamente. Todos los días viaja de ida y vuelta entre el jardín de infancia normal y la escuela especial, y siempre se muestra respetuoso con los maestros por miedo de que su hijo sea rechazado.
Los padres de Mu Mu enfrentan situaciones aún más difíciles: trabajan hasta tarde vendiendo verduras, salen a las 6 de la mañana y ahorran todo lo que ganan para el futuro de su hijo (por ejemplo, para pagar una residencia de ancianos). Si su hijo molesta a otros niños, tienen que disculparse y compensarlos, algo muy desgastante. La abuela de Qiang Qiang al principio no quería reconocer que su nieto tenía necesidades especiales, diciendo que solo estaba “desarrollándose lentamente”, lo que retrasó la intervención adecuada y obligó al niño a repetir el último grado en el jardín de infancia. No es que no quieran cuidarlo, sino que carecen de los recursos necesarios.
3. Padres de niños comunes: temiendo que sus hijos se vean afectados, pero sin querer “expulsar” a los niños con necesidades especiales
Los padres de niños comunes están en una situación muy complicada. Cuando Qi Meng se enteró de que había un niño con necesidades especiales en su clase, no pudo dormir toda la noche por miedo de que su hija fuera atacada, así que pidió al maestro que cambiara de asiento a su hija. Más tarde, cuando vio cómo los padres de Mu Mu se vestían con camisetas desgastadas y tenían las muñecas secas y descascaradas, no pudo ser dura con ellos y decidió no cobrar ninguna compensación. Solo puede enseñar a su hija: “Si alguien te abraza, empuja; si eso no funciona, avisa al maestro; si es necesario, golpea al niño”.
Los demás padres sienten lo mismo: quieren que sus hijos estén seguros, pero no quieren ser demasiado estrictos con las familias de niños con necesidades especiales. Los maestros, en medio de esta situación, solo pueden hacer que los niños con necesidades especiales se sienten en turnos en los asientos comunes, lo que no satisface a ninguna de las partes.
4. Recursos de educación especial en los pueblos: una realidad insuficiente
Los recursos de educación especial en los pueblos son prácticamente nulos: es posible que solo haya una escuela especial en todo el condado (o incluso ninguna). Los jardines públicos no tienen maestros de educación especial, y estos reciben salarios elevados (de 5000 a 8000 yuanes al mes), lo que las familias comunes no pueden permitirse. Algunos “maestros de educación especial” solo reciben formación durante medio mes antes de comenzar a trabajar, lo que no solo es engañoso, sino que también retrasa el desarrollo de los niños.
Las políticas promueven la educación integrada, pero en los pueblos no hay apoyo adecuado: los jardines públicos deben aceptar a niños con necesidades especiales, pero carecen de fondos para contratar maestros y espacios para las intervenciones; los padres que quieren enviar a sus hijos a escuelas especiales enfrentan problemas de distancia o costos excesivos. Sin recursos suficientes, la educación integrada se convierte en una obligación sin la capacidad de implementarla adecuadamente.
5. La disminución de la natalidad: la razón detrás de las dificultades de los jardines de infancia
La presión para que los jardines de infancia sobrevivan es la causa principal de estos problemas. El jardín público donde trabaja Chen Yun tenía 20 clases hace tres años, pero ahora solo tiene 11, lo que representa una reducción de más de 300 estudiantes; además, 5 jardines privados han cerrado en todo el condado. Con menos niños matriculados, los jardines de infancia deben bajar sus requisitos de admisión para aceptar a niños con necesidades especiales, de lo contrario podrían cerrar. Sin embargo, una vez que lo hacen, no tienen los recursos para ofrecer un apoyo adecuado, creando un círculo vicioso: aceptar a niños con necesidades especiales → quejas de los padres → colapso del personal → los niños no reciben una educación adecuada.
Este no es un problema de “tolerancia” o “no tolerancia”, sino que los recursos, sistemas y conceptos de los pueblos no están preparados para la educación integrada. Todos están haciendo su parte, pero se encuentran limitados por las escasas opciones disponibles y no saben cómo manejar a estos niños con necesidades especiales.
Al final, las palabras de la madre de Mu Mu son muy conmovedoras: “Cuidaré de él todo el tiempo que pueda; temo que algún día, cuando yo no esté aquí, no pueda sobrevivir”. Esto refleja la ansiedad general de las familias de niños con necesidades especiales en los pueblos: lo que realmente necesitan no es “compasión”, sino recursos y oportunidades para que sus hijos puedan vivir una vida decente. Y esto requiere la atención y el cambio de toda la sociedad.