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La compra de una mansión en Argentina por Peter Thiel y sus frecuentes encuentros con Mauricio Macri no significan que haya “traicionado a Estados Unidos” o esté “huyendo del fin del mundo”. Es, más bien, otro paso en la implementación de su concepto de “individuo soberano”: utilizar los estados nacionales como herramientas para obtener beneficios a nivel mundial (en lugares con impuestos bajos y regulaciones laxas). Su relación con Donald Trump es de mutua utilidad. El ala derecha tecnológica no es un grupo afiliado a Trump, sino el resultado del auto rescate del capital en la etapa tardía del capitalismo: por un lado, controlan el poder en Estados Unidos para acceder a recursos; por otro, buscan “estados de respaldo” como medida de precaución. El objetivo final es liberar al capital de las restricciones democráticas y permitir su expansión libre.
I. ¿Quién es Peter Thiel? El “creador de reyes” del ala derecha tecnológica y sus tres ideas centrales
Thiel no es un simple millonario; es una figura influyente en el círculo de poder de Silicon Valley: cofundador de PayPal, primer inversor externo de Facebook y presidente de Palantir (una empresa que proporciona datos de vigilancia al gobierno estadounidense), además de ser el patrocinador y mentor del vicepresidente Mike Pence. Su filosofía no se reduce a un simple laissez-faire; se basa en una lógica triple:
1. El capital contra la democracia: Thiel considera que “la libertad y la democracia son incompatibles”; cree que las votaciones del pueblo llevan al gobierno a imponer impuestos y regular el capital, lo que afecta los beneficios de este. Por lo tanto, aboga por que el poder esté en manos de una minoría de élites.
2. Acceleracionismo tecnológico: Los líderes tecnológicos de su generación están insatisfechos con la situación actual (solo hay redes sociales y no vehículos voladores); consideran que la regulación y la burocracia son un obstáculo para el desarrollo rápido de la tecnología (como el AI y las criptomonedas).
3. Utilización del estado como herramienta: Aunque aparentemente se oponen al gobierno, en realidad lo ven como una fuente de ingresos y una protección (por ejemplo, Palantir recibe contratos del CIA y el Departamento de Defensa, pero no desea ser regulado por él).
Su influencia no se limita al dinero; también reside en su capacidad para “crear reyes”: a lo largo de los años, ha financiado a políticos, publicado revistas y enviado talento, llevando las ideas de extrema derecha al corazón del Partido Republicano (como con Pence como vicepresidente). El agenda tecnológica y de defensa de Washington tiene su sello.
II. ¿Por qué eligió Argentina? No es para huir del fin del mundo, sino para encontrar un “campo de pruebas político” para obtener beneficios
La decisión de Thiel no fue espontánea; se basa en la práctica de lo que expone en su libro *The Sovereign Individual*: los élites de la era de la información pueden “no ser leales a ningún estado y elegir entre varios proveedores de servicios”. Ya ha obtenido la nacionalidad neozelandesa y un pasaporte maltese; eligió Argentina por las siguientes razones:
1. Las políticas de Macri se ajustan a sus intereses: Macri promueve el “capitalismo anárquico” (reducción de regulaciones, bajos impuestos, privatización de empresas estatales), lo que cumple con su deseo de menos restricciones y más libertad. Es como encontrar un “campo de pruebas real” para sus ideas.
2. La presión del impuesto sobre la riqueza en California: California está considerando imponer un impuesto del 5% a los multimillonarios; con una fortuna de 28 mil millones, Thiel necesita evitar este impuesto en Argentina.
3. Es solo una estrategia de diversificación de activos: Su mansión de 12 millones de dólares es solo una pequeña parte de su patrimonio, y sus empresas e influencia política siguen en Estados Unidos; es como tener una propiedad en el extranjero como reserva, no para emigrar, sino para diversificar riesgos.
III. “Dejar a Trump” es una ilusión: siempre se han utilizado mutuamente
Los medios dicen que el ala derecha tecnológica ha “dejado a Trump”, pero en realidad confunden las relaciones de interés con emociones. La colaboración entre Thiel y Trump siempre fue basada en beneficios mutuos:
1. Trump les ayuda a lograr sus objetivos: Trump ha desmantelado algunas regulaciones (como las relacionadas con el AI y las criptomonedas) y reducido impuestos, además de proporcionar contratos al gobierno (Palantir recibió un contrato del ejército para proyectos de IA), lo que cumple con los tres objetivos de Thiel.
2. “La ruptura” es debido a conflictos de intereses, no a una separación definitiva: Elon Musk y Trump han tenido desacuerdos, pero se reconciliaron porque sus intereses siguen siendo comunes. Mientras Thiel se traslada a Argentina, sus empresas continúan recibiendo contratos de Estados Unidos y Pence sigue siendo vicepresidente.
3. Su apuesta es el “proceso continuo”, no Trump en sí: Thiel ha formado a numerosos políticos a lo largo de los años (como Pence); Trump es solo uno de los que pueden utilizar. Incluso si Trump deja su cargo, otros tomarán su lugar y su influencia no desaparecerá.
IV. La verdadera naturaleza del ala derecha tecnológica: los “autoresrescatadores” en la etapa tardía del capitalismo
El ala derecha tecnológica no es un grupo temporal surgido con Trump; es el resultado de las acciones del capital frente a una crisis:
- Con la desaceleración de la globalización, el capital necesita nuevas vías: los rendimientos de las inversiones tradicionales son bajos, por lo que se relaciona con tecnologías como el AI y las criptomonedas en busca de nuevas formas de generar ganancias.
- **La competencia entre las grandes potencias obliga al capital a “dominar los estados”: para mantener su monopolio tecnológico (como en el caso del AI), el capital debe controlar los mecanismos estatales (obteniendo contratos y favores políticos).
- “Ocupar” y “retirarse” son dos caras de la misma moneda: por un lado, controlan el poder en Estados Unidos; por otro, buscan estados como Argentina como respaldo para reducir riesgos. Todo esto tiene como objetivo liberar al capital de las restricciones democráticas, ganando dinero del gobierno sin ser controlado por el pueblo.
En resumen, Thiel no ha “traicionado” a nadie; simplemente está haciendo lo que siempre ha querido: utilizar los estados como herramientas para que su capital sea libre para siempre.
Conclusión
La mansión de Thiel en Argentina no es un billete hacia la huida, sino una nueva tarjeta de membresía para el “arbitraje global” de las élites financieras. En su mundo, no existen conceptos como “patria” o “lealtad”; solo importan los intereses y cómo utilizar a otros en beneficio propio.