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**El renacimiento del keynesianismo: el destino de la era basada en el silicio**

原文:凯恩斯主义复辟:硅基时代的宿命

Resumen del contenido central

Este artículo compara las dos lógicas económicas de Keynes (gestión desde el lado de la demanda) y Amodi en la era del AI (impulsada por la eficiencia), señalando que la revolución del AI está reemplazando rápidamente a los trabajadores especializados en conocimientos, exacerbando la concentración de riqueza y provocando la reaparición de una crisis de “demanda efectiva insuficiente”. El artículo sostiene que en la era del AI se necesitan medidas de redistribución neok keynesianas (como impuestos al AI, un ingreso básico universal, reducción de las horas laborales, etc.) para repartir la riqueza generada por el AI entre la población general y así mantener la estabilidad del sistema económico, evitando que se repita la Gran Depresión.

I. ¿Por qué Keynes propuso medidas como “cavar zanjas y rellenarlas”? — Las lecciones de la Gran Depresión: la tecnología avanzó demasiado rápido y la distribución no siguió su ritmo

En la década de 1920, hubo una explosión tecnológica en Estados Unidos (difusión de la electricidad y los motores de combustión interna); la producción en las fábricas se duplicó, pero los salarios de los trabajadores no aumentaron, y toda la riqueza se concentró en manos de un pequeño porcentaje de la población (el 1% poseía el 40% de la riqueza). El resultado fue que había muchas mercancías disponibles en las fábricas, pero la gente común no tenía dinero para comprarlas, lo que interrumpió el ciclo económico. Esta es la situación a la que Keynes se refería cuando hablaba de “demanda efectiva insuficiente”. Las medidas propuestas por Keynes no eran inútiles; su objetivo era que el gobierno gastara dinero para crear empleos (incluso en tareas sin sentido) para que las personas pudieran tener ingresos y volver a consumir, reactivando así el ciclo económico. Este enfoque ayudó a fortalecer la clase media estadounidense durante los 30 años posteriores a la guerra y promovió un crecimiento económico estable. Sin embargo, más tarde este modelo fue reemplazado por el libre mercado, lo que llevó de nuevo a una concentración de riqueza, hasta que los problemas volvieron a surgir en la era del AI.

II. Esta vez el AI es diferente: las máquinas están robando trabajos intelectuales y la clase media está en peligro

Mientras que la Revolución Industrial reemplazó trabajos físicos (como los de agricultores y obreros), el AI está afectando a profesiones que requieren habilidades intelectuales, como programadores, contables, asistentes legales y diseñadores. Por ejemplo, herramientas como Claude Code permiten a un solo ingeniero realizar el trabajo de todo un equipo; en GitHub, cada 100 líneas de código, 7 son escritas por AI. IBM planea despedir 30,000 empleos en áreas administrativas (finanzas, recursos humanos), y Goldman Sachs informa una pérdida neta mensual de 16,000 puestos de trabajo (el número de despididos supera a los nuevos). El problema radica en que las reemplazaciones por AI son drásticas y lentas en términos de creación de empleos nuevos, lo que lleva a la pérdida de ingresos para la población general y, por consiguiente, a una disminución de su capacidad de consumo.

III. Las empresas de AI están ganando mucho dinero, pero no llega a las personas comunes: ¿por qué necesita volver Keynes?

La empresa Anthropic genera un ingreso anual de 44 mil millones de dólares con una tasa de beneficio bruto superior al 70%, pero ¿adónde va ese dinero? En su mayor parte, queda en manos de los accionistas y de un pequeño número de empleados, no en las de los programadores que han sido reemplazados. La riqueza generada por el AI se concentra en un grupo reducido de personas (el 10% de las familias estadounidenses posee el 70% de las acciones). Si la gente común no tiene dinero para consumir, ¿a quién se venderán los productos creados por el AI? Este es precisamente el problema del “fallido algoritmo” contra el que luchó Keynes: por más eficiente que sea un sistema, si la mayoría de las personas no tienen poder adquisitivo, todas las empresas terminarán en dificultades. Por lo tanto, es necesario volver a las ideas keynesianas y que el gobierno intervenga para redistribuir los excedentes de ganancias del AI entre la población general.

IV. Nuevas medidas neok keynesianas en la era del AI: ¿cómo hacer que la gente común participe de los beneficios del AI?

El artículo propone varias estrategias para repartir los beneficios del AI:

1. Impuestos a los excedentes de ganancias del AI: El gobierno debería imponer impuestos adicionales a las empresas de AI por los ingresos superiores a la media del sector y utilizar esos fondos para apoyar a la población.

2. Pruebas piloto de un ingreso básico universal (UBI): En áreas donde el AI se utiliza ampliamente (como California), se podría distribuir dinero en efectivo a los residentes a través de impuestos al AI, no como una forma de asistencia social, sino para proporcionarles un nivel mínimo de capacidad de consumo.

3. Reducción de las horas laborales: Si el AI puede realizar 40 horas de trabajo, la semana laboral oficial podría reducirse a 32 horas, permitiendo que más personas tengan empleo y compartan los beneficios de la productividad.

4. Fondos públicos de AI: El gobierno podría invertir recursos como capacidad de cálculo y datos en empresas de AI, y distribuir las ganancias obtenidas como dividendos entre aquellos afectados por las tecnologías digitales, haciendo que todos sean “accionistas” de estas empresas.

Estas medidas no son una forma de “robar de los ricos para dar a los pobres”, sino una necesidad para mantener la estabilidad del sistema económico. Sin el consumo de la gente común, incluso el AI más avanzado no podrá vender sus productos, lo que llevaría al colapso de todos.

Conclusión

El AI es el futuro, pero sin las medidas de redistribución keynesianas, este futuro podría fracasar. Necesitamos aplicar su lógica para controlar el rápido avance tecnológico y asegurarnos de que la mayoría de las personas pueda beneficiarse de sus beneficios. De lo contrario, la riqueza generada por el AI se convertirá en un juego digital para unos pocos, arrastrando consigo a toda la economía hacia el desastre.