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**Berthold Laufer: Un erudito judío de origen alemán que “se convirtió” a la cultura china**

原文:贝托尔德·劳费尔:“皈依”中国文化的德裔犹太学者

Resumen del contenido principal

Este artículo relata la vida de Berthold Laufer, un erudito judío de origen alemán-estadounidense. Debido a su identidad marginal (raíces judías y identificación cultural con Alemania, pero excluido por el antisemitismo), se dedicó al estudio de las culturas orientales, desarrollando una profunda admiración por la cultura china, basada en un conocimiento académico sólido y no en fantasías románticas. Con su enfoque interdisciplinario y su gran productividad, se convirtió en uno de los fundadores de la estudios sobre Dunhuang. No obstante, con la tendencia a la especialización de las disciplinas académicas, su trabajo pasó a considerarse obsoleto. Finalmente, en 1934 (época en que los nazis perseguían a los judíos y China estaba inmersa en la guerra), eligió el suicidio. Su tragedia simboliza el fin de una era en la que el erudimiento podía trascender las fronteras culturales, al tiempo que deja como legado la idea de que aquellos sin un hogar verdadero pueden poseer un hogar espiritual más amplio.

I. Identidad marginal: ser “medio forastero” en Alemania

Laufer nació en una familia judía de Colonia, Alemania; su familia era acomodada y él recibió una buena educación. Sin embargo, con el aumento del antisemitismo a finales del siglo XIX, se sintió siempre como un “medio forastero”, similar a alguien que crece con los demás pero nunca forma parte de su círculo íntimo. Esta sensación de marginalidad se convirtió en su ventaja: conocía bien la cultura europea, pero podía escapar del prejuicio del “centrismo europeo” y no consideraba que la civilización europea fuera superior. Su mentor, Franz Boas (padre de la antropología estadounidense), también era judío alemán; las experiencias antisemitas de Boas lo llevaron a oponerse al “determinismo racial” y a proponer el “relativismo cultural” (cada cultura tiene su propio valor). Laufer heredó este espíritu y siempre fue crítico con las suposiciones acerca de otras culturas.

II. Profunda identificación con la cultura china: no era simple curiosidad, sino comprensión genuina

Laufer decía que preferiría haber nacido chino, no porque encontrara la cultura china misteriosa y romántica, sino debido a su investigación exhaustiva: leyó los textos originales chinos (como los clásicos confucianos) y realizó estudios de campo. Fue uno de los fundadores de la estudios sobre Dunhuang, una disciplina dedicada al estudio de los artefactos de esta región. Consideraba que la cultura china superaba a la europea en términos de ética práctica (las normas para vivir y actuar); por ejemplo, el principio chino de “no hacer a los demás lo que no querrías que te hicieran” era más concreto que las teorías abstractas europeas. Su identificación con la cultura china no era superficial, sino profunda y basada en un entendimiento genuino.

III. Un erudito versátil pero considerado “relicto de su tiempo”

Los académicos de hoy suelen especializarse en áreas muy específicas (por ejemplo, solo estudian la cerámica de la dinastía Tang), pero Laufer era un verdadero experto en múltiples campos: conocía lenguas orientales como el tibetano y el chino, investigó la historia de la difusión del patata y ayudó a los museos a coleccionar artefactos chinos (que siguen siendo recursos valiosos para la investigación hoy en día). Escribía entre 10 y 20 obras al año, lo que sería impensable en nuestros días. Sin embargo, su enfoque interdisciplinario resultaba obsoleto en ese momento, ya que las disciplinas se estaban volviendo cada vez más especializadas; su amplitud de conocimientos era vista como inapropiada. Cabe señalar que la época en la que coleccionó estos artefactos fue colonial, y los métodos utilizados para adquirirlos pueden ser objeto de debate cuando se analiza su legado.

IV. Un final trágico: la desesperación ante el colapso de dos culturas

El suicidio de Laufer en 1934 ocurrió en medio de dos golpes devastadores: los nazis alemanes comenzaron a perseguir sistemáticamente a los judíos, y la cultura alemana que amaba estaba siendo destruida; China estaba siendo invadida por Japón, lo que significaba el derrumbe de su hogar espiritual. Se sentía como alguien que había perdido sus dos hogares y no podía hacer nada al respecto. Su muerte no fue solo una tragedia personal, sino también un símbolo del fin de una era en la que se creía que el conocimiento podía trascender las fronteras culturales, una era que se volvió frágil frente al desastre político de la Segunda Guerra Mundial.

V. El legado de Laufer: aquellos sin hogar poseen los hogares más amplios

Laufer sentía que vivir como chino le resultaba más cómodo que como europeo, pero no era ni completamente europeo ni realmente chino; esta sensación de no pertenecer a ningún lugar lo liberó para viajar entre diferentes culturas y utilizar la perspectiva de una cultura para comprender otra (por ejemplo, utilizando los principios éticos chinos para analizar el individualismo europeo). Hoy en día, tendemos a trabajar dentro de culturas y disciplinas específicas, pero la historia de Laufer nos recuerda que las comprensiones más profundas a menudo provienen de aquellos que no están atados a una sola cultura. A veces, no tener un hogar verdadero puede significar poseer un hogar espiritual más amplio.

Este artículo no solo narra la vida de un erudito, sino que también nos invita a salir de los marcos estereotipados y comprender el valor de las diferentes culturas. Su legado es un recordatorio de que el verdadero conocimiento trasciende las fronteras.