虎嗅

**La verdad detrás de los campus cerrados: el egoísmo refinado de los estudiantes universitarios proviene del silencio de las personas comunes sobre sus propios derechos.**

原文:封闭校园的真相:大学生的精致利己,源于普通人对自身权利的沉默

Resumen del contenido central

Este artículo se centra en la controversia sobre el cierre de los campus universitarios tras la pandemia: la mayoría de las universidades sigue cerradas, mientras que la apertura de unas pocas ha provocado fuertes oposiciones por parte de los estudiantes (que se quejan de que los comedores están ocupados y que su aprendizaje se ve afectado). Esto revela una actitud de egoísmo refinado por parte de los estudiantes, que tratan los recursos públicos de las universidades como si fueran propiedad privada. Esta situación puede continuar debido a tres tipos de concesiones por parte de los ciudadanos comunes: una débil conciencia de sus derechos, un exceso de consideración hacia el bien general y una visión idealizada de los estudiantes. Ahora que la conciencia de los ciudadanos está despertando, comienzan a cuestionarse: “¿Por qué no podemos utilizar los recursos que hemos financiado con nuestro dinero?”. El artículo sostiene que un egoísmo razonable (que proteja los propios derechos) es clave para que los recursos públicos vuelvan a ser de uso público. El problema del reabrimiento de los campus se puede resolver a través de la gestión, en lugar de que solo unos pocos lo monopolicen.

I. Oposición de los estudiantes al reabrimiento: tratar los recursos públicos como un “jardín privado”

Muchos estudiantes justifican su oposición con argumentos nobles (“los visitantes afectan el aprendizaje”, “el aumento de los precios en los comedores”, “riesgos de seguridad”), pero detrás de estas excusas se esconde una lógica fundamental: no aceptan nada que pueda afectar sus intereses actuales. Dicen con orgullo que “esta es nuestra universidad”, ignorando un hecho básico: las tasas de matrícula de las universidades públicas solo representan alrededor del 10% de los costos operativos, mientras que el 90% proviene de todos los contribuyentes (incluidos sus padres). La tierra del campus es proporcionada gratuitamente por el estado, los edificios de enseñanza y las bibliotecas son construidos con fondos públicos, y los salarios de los profesores también provienen de los impuestos. Legal y moralmente, cada ciudadano tiene derecho a utilizar estos recursos de manera razonable. Sin embargo, los estudiantes tratan las instalaciones públicas como si fueran suyas, e incluso se enfadan en las redes sociales por tener que esperar 5 minutos más para acceder a Internet; esto es un ejemplo de egoísmo refinado: solo piensan en su propia comodidad, ignorando el carácter público de estos recursos.

II. Las tres concesiones de los ciudadanos: el origen de los “monopolizadores de recursos”

El hecho de que los estudiantes puedan monopolizar los recursos no se debe a su fuerza, sino a la excesiva complacencia de los ciudadanos, derivada de tres razones:

1. Débil conciencia de derechos: Los estudiantes pueden causar cambios en las políticas universitarias por una espera de 5 minutos más en la cola del comedor, pero los residentes que viven cerca de la universidad aceptan dar un largo giro todos los días (debido al cierre de las puertas) sin quejarse, e incluso se dicen a sí mismos que “las universidades nunca fueron diseñadas para su uso”.

2. Excesivo énfasis en el bien general: Desde pequeños, a los ciudadanos se les enseña a sacrificar sus intereses personales por el bien común; consideran que la universidad es un lugar para formar líderes y que dar un giro extra o no utilizar las instalaciones es una “pequeña sacrificio”, consolándose con la idea de que “al final podrán contribuir al país”.

3. Una visión idealizada de los estudiantes: Durante mucho tiempo, los estudiantes han sido vistos como “hijos predilectos del cielo”; los ciudadanos creen que tienen cultura e ideales y que en el futuro resolverán los problemas del país, por lo que están dispuestos a tolerar su “capricho”, incluso si esto implica perjudicar sus propios intereses.

III. El desvanecimiento de la ilusión: los ciudadanos ya no toleran a los estudiantes

En los últimos años, han aumentado las noticias negativas sobre las universidades: casos de comportamiento académico inadecuado, abuso por parte de los profesores, burocracia y escándalos de corrupción. Los ciudadanos están comenzando a darse cuenta de que la universidad no es un “lugar sagrado”, y que no todos los estudiantes son líderes potenciales; muchos se convierten en empleados comunes después de graduarse, e incluso pueden convertirse en lo que antes despreciaban: personas ociosas en la sociedad. Lo que más decepciona a los ciudadanos es que los estudiantes, a quienes han financiado con su dinero y esfuerzo, ahora critican a aquellos que quieren acceder al campus, calificándolos de “visitantes sin educación” o “con intenciones maliciosas”. Por lo tanto, comienzan a preguntarse: ¿Por qué los recursos que hemos creado con nuestro dinero solo deben ser utilizados por unos pocos? ¿Por qué deberíamos sacrificar nuestra comodidad para complacer a personas que nos desprecian?

IV. El egoísmo razonable es el camino correcto: hacer que los recursos públicos sean realmente públicos

El artículo sostiene que el egoísmo refinado no necesariamente es algo negativo; **un egoísmo razonable y con límites claros es la base de una sociedad moderna*. El problema del cierre de los campus se debe a un desequilibrio de poder: los estudiantes se organizan para defender sus intereses personales, mientras que los ciudadanos se dispersan y renuncian a sus derechos. Ahora que los ciudadanos comienzan a luchar por sus derechos (como el reabrimiento de la Universidad de Wuhan, resultado de la presión pública), esto es positivo. El problema del reabrimiento de los campus se puede resolver: se pueden crear zonas separadas en los comedores (para estudiantes y visitantes), las bibliotecas pueden abrir en horarios diferentes (con prioridad para estudiantes y reservaciones para ciudadanos), y se puede mejorar la seguridad. Lo realmente difícil de resolver es el deseo de unos pocos de monopolizar los recursos.

Cuando todos los ciudadanos aprendan a defender sus derechos, el egoísmo refinado de los estudiantes perderá su sustento. Solo entonces las universidades se convertirán en un verdadero hogar espiritual para toda la sociedad: no serán un “jardín privado” de unos pocos, sino espacios públicos compartidos por todos.

Conclusión

El mensaje central de este artículo es que los recursos públicos no deben ser monopolizados por unos pocos. El egoísmo refinado de los estudiantes es el resultado de la excesiva complacencia de los ciudadanos. Solo cuando todos aprendan a defender razonablemente sus derechos, los recursos públicos podrán volver a su verdadero propósito y las universidades se abrirán de manera justa. El objetivo no es criticar a los estudiantes, sino hacer que todos reconozcan el carácter público de estos recursos y promover una distribución más equitativa de ellos.