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**Gran colapso del mercado bursátil de 1929: ¿Esta vez es diferente?**

原文:1929股市大崩盘:这次又不一样了?

Resumen del contenido central

Este artículo se centra en el gran colapso de las acciones estadounidenses de 1929, analizando cómo se formó la burbuja, el proceso de desplome, los esfuerzos para salvar la situación, la reacción en cadena de la Gran Depresión y las lecciones históricas que se pueden extraer. A través de personajes clave (como el especulador Livermore, el banquero Mitchell y el presidente Hoover) y eventos importantes (inversiones con apalancamiento, corridas bancarias, errores políticos), revela que la esencia de una burbuja bursátil radica en la codicia humana, y cómo los riesgos consecutivos de un colapso pueden transformar el pánico a corto plazo en una depresión a largo plazo. Finalmente, destaca algunas leyes del mercado que son universales a través del tiempo: la naturaleza inmutable de la humanidad, la división del mercado durante las fases ascendentes, el peligro mortal de los riesgos en cadena y la evolución mutua entre la regulación y el mercado.

Desglose y análisis

1. La formación de la burbuja: Nuevas tecnologías + Apalancamiento + Operaciones de magnates

La década de 1920 en Estados Unidos fue un período de gran crecimiento, impulsado por innovaciones como el automóvil (Ford T), la radiodifusión (monopolio de RCA) y los aviones, lo que generó la sensación de que había llegado una nueva era. Además, la política del presidente Coolidge de no intervenir en el mercado contribuyó a un aumento continuo de las acciones durante 7 años. Lo más desenfrenado fue el uso del apalancamiento: las personas podían invertir 10 dólares para adquirir acciones que valían 100 dólares (un apalancamiento de 10 veces), lo que significaba duplicar sus ganancias… o perder todo si las cosas iban mal. Los magnates financieros no hicieron más que alimentar esta tendencia: Mitchell, precursor del Citibank, promovió la idea de que cualquiera podía invertir en bolsa; Lamont de JP Morgan ofrecía acciones a precios reducidos a clientes influyentes (vendiendo acciones por 20 dólares cuando costaban 35) y creó fondos conjuntos para operar conjuntamente con inversores acaudalados. Incluso los astrónomos se convirtieron en analistas financieros, y cientos de miles de personas seguían sus consejos… En ese clima de euforia, parecía que cualquier cosa podía tener éxito.

2. El momento del colapso: La celebración de los vendedores y la caída de los compradores

En marzo de 1929, el legendario operador Livermore se dio cuenta de que la optimismo general era en realidad una maldición y comenzó a vender acciones. En octubre, llegó el pánico:

  • El 23 de octubre, el índice Dow Jones cayó un 7% en un solo día; había muchas acciones sin comprador y solo ofertas de venta.
  • Los banqueros intentaron salvar la situación como lo habían hecho en 1907 (reuniendo 250 millones de dólares para comprar acciones), pero el mercado era demasiado grande y el apalancamiento demasiado alto, por lo que el dinero destinado a la rescate fue inútil.
  • Livermore ganó 100 millones de dólares en ese colapso (se convirtió en uno de los 10 hombres más ricos del mundo), mientras que la mayoría de los inversores perdieron todo. Hubo personas llorando en hoteles de Wall Street y otras que amenazaron a Livermore, diciéndole que estaba ganando con su dinero.

Lo más irónico fue que un profesor de Yale seguía afirmando que las acciones no estaban sobrevaloradas, y el presidente Hoover aseguraba que la situación económica era sólida… pero el mercado ya se había descontrolado por completo.

3. ¿Por qué los esfuerzos de rescate no funcionaron? Los métodos de 1907 no sirvieron

En 1907, JP Morgan logró salvar el mercado por sí solo, pero en 1929 no fue posible:

  • El tamaño del mercado había cambiado: el valor bursátil de 1929 era muchas veces mayor que el de 1907; los 250 millones de dólares recaudados por los banqueros no fueron suficientes para cubrir las pérdidas.
  • El apalancamiento era excesivo: había 6 mil millones de dólares en fondos apalancados, lo que llevó a liquidaciones forzadas y a un círculo vicioso.
  • La propagación del pánico fue rápida: la radiodifusión permitió que las malas noticias se difundieran rápidamente por todo el país, provocando corridas bancarias y la quiebra de empresas. El pánico se extendió desde el mercado financiero a la economía real.

Incluso los principales actores del rescate perdieron la calma: Mitchell vendió sus acciones a su esposa para evadir obligaciones impositivas (y luego fue detenido); el yate de Jack Morgan dejó de ser construido, y hasta Churchill perdió 75.000 dólares en inversiones.

4. Del colapso a la depresión: Los efectos en cadena son los más dañinos

El colapso en sí no fue lo más terrorífico; incluso una caída del 33% en el mercado en 1921 no provocó una depresión. Sin embargo, los eventos consecutivos llevaron a la economía al abismo:

  • Guerras comerciales: Hoover aumentó los aranceles para proteger las empresas estadounidenses, lo que causó que los productos agrícolas no pudieran venderse y llevó a la quiebra de muchos agricultores.
  • Corridas bancarias: En 1930, cerraron 1300 bancos, arruinando las ahorras de miles de personas.
  • Efectos globales: Alemania incumplió sus obligaciones de pago (debido a las reparaciones de la Primera Guerra Mundial); el Reino Unido abandonó el sistema monetario basado en el oro, y el oro comenzó a fluir fuera de Estados Unidos.
  • Errores políticos: Hoover se negó a imprimir dinero para estimular la economía y mantuvo el sistema monetario basado en el oro, lo que impidió cualquier tipo de intervención.

Para 1932, la tasa de desempleo alcanzó el 23.6% y cerraron 11.000 bancos… El colapso bursátil se convirtió en una Gran Depresión que duró diez años.

5. Lecciones históricas que siguen siendo relevantes hoy

El artículo concluye con cuatro lecciones universales:

  • La naturaleza humana no cambia: Livermore dijo que “el mercado refleja la naturaleza humana”; la codicia infla las burbujas y el miedo acelera su colapso. Esto es igualmente cierto en el caso de las burbujas actuales relacionadas con las criptomonedas o las tecnologías de IA.
  • La división del mercado durante las fases ascendentes: En 1929, el índice Dow Jones alcanzó un nuevo máximo, pero solo el 40% de las acciones estaban por encima de su promedio a largo plazo; lo mismo ocurrió con la burbuja tecnológica del año 2000: el aumento de los precios de algunas empresas no significaba que todo el mercado estuviera en buen estado.
  • Los riesgos en cadena son mortales: El colapso en sí no es lo más peligroso; lo realmente dañino son los eventos posteriores, como las guerras comerciales, las corridas bancarias y los errores políticos. La crisis de las hipotecas de alto riesgo de 2008 también se extendió desde el sector inmobiliario al sistema financiero global.
  • La regulación debe evolucionar con el mercado: Después del colapso de 1929 se promulgó la Ley Glass-Steagall (que separó las actividades bancarias); después de 2008, se establecieron normas más estrictas sobre el apalancamiento. A medida que los mercados se vuelven más complejos, la regulación también debe adaptarse.

Conclusión

La historia de 1929 nos enseña que aunque los mercados cambian constantemente, la naturaleza humana permanece inalterable. La próxima vez que escuchemos decir “esta vez es diferente”, recordemos las lecciones de la historia: la codicia y el miedo siempre serán los principales motores del mercado.