Resumen del contenido central
Este artículo desmonta el mito de que “el gusto es una barrera defensiva en la era del AI” en Silicon Valley: allí, el “gusto” se presenta como una capacidad de toma de decisiones rentable (incluso se incluye en los KPI), pero el verdadero gusto es una habilidad de juicio que no se puede cuantificar y que requiere la acumulación a través de la práctica. La verdadera ventaja competitiva en la era del AI proviene de la capacidad de tomar decisiones basadas en la repetición, los errores y asumir las consecuencias, todo lo cual está respaldado por la disposición a invertir tiempo, atención y soportar la incertidumbre.
I. El “gusto” al que se refiere Silicon Valley es, en realidad, un “falso gusto”
El concepto de “gusto” en Silicon Valley ha perdido su sentido original. Lo que antes requería sensación e imposibilidad de cuantificación (como lo dijo Voltaire: “ser conmovido por la belleza”) ahora se convierte en KPI que generan ganancias; por ejemplo, Anthropic abre cafeterías y vende sombreros con el slogan “thinking”, mientras que OpenAI utiliza publicidad con efectos visuales falsos para promocionar su tecnología, utilizando la apariencia del “gusto humano” como disfraz para vender productos tecnológicos.
¿Qué es realmente el gusto? El diseñador japonés Masao Mizuno (creador de los Osos de Kumamoto) lo define como la capacidad de hacer que cosas inmensurables (como el carácter de una marca o el ritmo de un texto publicitario) se presenten en su mejor estado. Decir que un diseño es “lindo” no demuestra gusto; en cambio, explicar cómo utiliza tonos cálidos para evocar sensaciones de seguridad en las madres sí lo hace. Sin embargo, Silicon Valley intenta incluir estos aspectos inmensurables en sus presentaciones de financiación y objetivos de rendimiento (OKR), lo que, en esencia, equivale a “matar el gusto”: es como convertir un pez vivo en conserva: parece un pez, pero ha perdido su vitalidad.
II. El gusto está “muerto” en tres dimensiones; quizás tú también hayas caído en estas trampas
El gusto no es algo innato, sino que requiere cuidado y mantenimiento; sin embargo, actualmente está desapareciendo gradualmente:
1. **De un “proceso” a una “etiqueta”: Cuando revisas contenidos en redes sociales como REDnote para ver consejos de vestimenta o listas de películas en Douban, los influencers te ofrecen “paquetes de gusto” predefinidos, permitiéndote parecer sofisticado sin tener que experimentar. Por ejemplo, decir que te gusta Akira Kurosawa puede no significar que realmente hayas sido conmovido por *Los siete samuráis*, sino que simplemente es un símbolo aceptado en tu círculo social; el gusto se ha convertido en una etiqueta para demostrar tu identidad, en lugar de ser algo que descubres por ti mismo.
2. **De “crear cosas” a “elegir entre opciones”: El AI puede generar 100 ideas publicitarias en un minuto; pensar que elegir la mejor es muestra de gusto es un error: no has escrito nunca contenido publicitario, así que no sabes qué se ha descartado ni por qué una opción es efectiva; tu elección se basa en sentimientos, no en juicio crítico, y eso no puede convertirse en una verdadera barrera defensiva.
3. **De “prestar atención a las obras” a “interpretar un rol”: Leer clásicos o escuchar música alternativa puede ser una forma de mostrar erudición, pero no necesariamente porque realmente te conmuevan; el gusto se ha transformado en una forma de demostrar tu poder adquisitivo (comprar señales visibles), no en una habilidad de juicio basada en la práctica.
III. El “mito del gusto” de Steve Jobs era, en realidad, un mito sobre su capacidad de juicio
Todos dicen que Steve Jobs tenía buen gusto, pero lo que realmente lo hacía destacar era su capacidad de tomar decisiones:
- Pasó dos semanas eligiendo una lavadora con su familia no porque le gustara su apariencia, sino porque evaluó el presupuesto, las funciones y las necesidades de la familia antes de elegir la mejor opción.
- Cuando regresó a Apple, eliminó el 70% de la línea de productos, no por cuestiones estéticas, sino porque estaba dispuesto a asumir el riesgo de deshacerse de ellos.
Un ejemplo similar es el productor musical de renombre Rubin (que nunca tocó un instrumento pero dirigió a Jay-Z); su secreto radica en escuchar, elegir y modificar repetidamente durante cuarenta años. Esta capacidad de tomar decisiones reales y asumir responsabilidades es lo que realmente le dio una ventaja competitiva. El gusto es solo un producto secundario de la práctica, no el elemento central.
IV. La verdadera barrera defensiva en la era del AI: la “energía” para actuar con valentía y asumir responsabilidades
El AI puede generar innumerables opciones, pero no asume las consecuencias de los errores. Lo que realmente escasea son:
- Capacidad de juicio: la capacidad de elegir y asumir las consecuencias en situaciones de información incompleta o resultados inciertos (por ejemplo, si eliges un texto publicitario incorrecto y pierdes clientes, debes asumir las consecuencias).
- Inversión de energía: la disposición a dedicar horas a mejorar borradores generados por el AI, a crear videos que nadie verá y seguir adelante, a soportar la incertidumbre. El AI no puede reemplazar esta actitud de compromiso.
El AI reduce los costos de información casi a cero, pero el valor de la “energía” es cada vez más importante. Invertir energía en crear cosas y asumir responsabilidades es la verdadera ventaja que nadie más puede robarte.
Conclusión
Deja de creer ciegamente que el “gusto es una barrera defensiva”. En la era del AI, lo que realmente importa es tener la valentía para actuar, experimentar y asumir responsabilidades. (Fin del artículo)