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**¿Dónde encontrar el capital de paciencia que está detrás de la investigación científica? ¿Es posible dotar a la ciencia de un motor financiero más eficaz?**

原文:科研背后的耐心资本哪里找?我们有没有可能给科学装一个更好的金融引擎?

Resumen del contenido principal

Este artículo analiza la relación entre la economía y la ciencia, el estado actual distorsionado de la interacción entre ambas disciplinas, y cómo diseñar mecanismos financieros más adecuados para la ciencia. La economía y la ciencia comparten un origen común (ambas provienen de la filosofía), pero la economía se desvió hacia atributos propios de las ciencias duras, olvidando su enfoque en el ser humano. La ciencia, por otro lado, no puede prescindir del financiamiento; sin embargo, la inversión de capital riesgo (VC) ha pasado de ser un instrumento para apoyar la innovación a través del riesgo a convertirse en un juego basado en la narrativa que pospone el momento de pagar las consecuencias de los fracasos. El artículo propone varias soluciones, como la creación de fondos gigantes o el uso de mercados predictivos, así como mecanismos que aprovechen la tendencia humana a mostrar y destacar logros, con el objetivo de hacer que el capital orientado al beneficio a corto plazo esté dispuesto a financiar investigaciones a largo plazo.

1. Economía y ciencia: hermanas, pero caminos separados

A primera vista, la economía y la ciencia no parecen tener mucho en común, pero ambas tienen sus orígenes en la filosofía. La ciencia se ocupa del estudio de las leyes naturales (filosofía natural), mientras que la economía analiza las leyes de la sociedad humana (filosofía moral). Por ejemplo, Adam Smith inicialmente enseñó filosofía moral en la universidad, y la economía fue solo una parte de su trabajo, denominada "estudio de la conveniencia" (es decir, cómo mejorar la vida humana).

Sin embargo, la economía se desvió de su propósito original: envidia la precisión de las ciencias duras y busca la predictibilidad a través de fórmulas matemáticas, olvidando el aspecto humano que Smith siempre consideró fundamental. La ciencia, por su parte, estudia entidades inanimadas como las moléculas y la energía, sin tener que lidiar con las emociones y la conciencia humana; esta es la principal diferencia entre las dos disciplinas en la actualidad.

2. El punto débil de la economía: estudiar a sí misma impide ver la verdad completa

La economía enfrenta un problema que la ciencia no tiene: investiga la sociedad humana, pero sus investigadores también son seres humanos. Es como intentar mirarse el propio cogote con los propios ojos; es imposible verlo en su totalidad.

Por ejemplo, cuando se observa el mercado de valores, las acciones que se toman afectan directamente los precios de las acciones. Cuando se estudia la psicología del consumidor, estos pueden cambiar sus decisiones al saberse objeto de investigación. Este fenómeno, conocido como "reflexividad", es casi inexistente en las ciencias naturales (excepto en la mecánica cuántica) y constituye un dilema fundamental en la economía. Por eso existen conceptos como el "espíritu animal" (las acciones irracionales de los seres humanos), ya que las personas son vivas, no moléculas frías.

3. El dinero de la ciencia ha perdido su sentido original: la inversión de capital riesgo se ha vuelto demasiado narrativa

El desarrollo científico requiere financiamiento, pero la inversión de capital riesgo actualmente no es lo que era antes. En sus inicios, la inversión de capital riesgo era como la caza de ballenas: un grupo de personas reunía fondos para arriesgarse en proyectos que podían cambiar el mundo. Hoy en día, se ha convertido en un juego de gestión de activos a escala masiva, basado en historias fantasiosas sobre cosas como el dominio del mundo por parte de la IA o la colonización de Marte, posponiendo constantemente el momento en que se deben pagar las consecuencias de los fracasos.

¿Por qué ocurre esto? Porque todo el mundo está "tomando préstamos a corto plazo para financiar inversiones a largo plazo": los bancos utilizan depósitos a plazo fijo para otorgar hipotecas a 30 años, los gobiernos gastan dinero de las generaciones futuras con promesas hechas durante su mandato, y las empresas usan ingresos del presente para valorarse en el futuro. Todos utilizan fondos a corto plazo para proyectos a largo plazo, por lo que no tienen paciencia para esperar diez años a que los proyectos científicos den resultados.

4. ¿Son fiables los nuevos mecanismos financieros para la ciencia? Fondos gigantes y mercados predictivos?

Algunos intentan desarrollar nuevas herramientas financieras para apoyar la ciencia, como el "fondo gigante" propuesto por un profesor del MIT, que combinaría 50 proyectos de investigación de medicamentos independientes y emitiría bonos de diferentes niveles de riesgo, similar a los valores hipotecarios (MBS). El problema es que el desarrollo de medicamentos tiene un resultado binario (o funciona o no), lo que dificulta la diversificación del riesgo, además de requerir una infraestructura compleja de agencias de calificación y garantía. ¿Tienen realmente los científicos tiempo para colaborar en esto?

Otro ejemplo son los mercados predictivos, que permiten a las personas apostar por hipótesis científicas (por ejemplo, si un objetivo proteico podría convertirse en un fármaco). El precio refleja la probabilidad de que esto suceda, pero tiene desventajas evidentes: son poco populares (pocos entienden y carecen de liquidez) y, si son demasiado precisos, no generan ganancias (si el precio reflejara la verdad al pie de la letra, nadie estaría interesado en realizar transacciones). ¿Cómo puede la ciencia, que es tan rigurosa, permitir que haya incertidumbre para generar beneficios?

5. La solución definitiva: aprovechar el deseo humano de mostrar para atraer el capital

¿Existe un enfoque más práctico? Piense en SpaceX: realiza proyectos de alta riesgo y con resultados inciertos, como la colonización de Marte, pero logra atraer capital de todo el mundo. La razón es simple: tiene un fuerte deseo de mostrar su éxito (cada lanzamiento de cohete se convierte en noticia destacada, y el aura de Elon Musk hace que los inversores sientan que participan en algo importante, lo que les permite ganar dinero y satisfacer sus necesidades emocionales).

Por lo tanto, los proyectos científicos también podrían diseñarse para ofrecer feedback inmediato y puntos de exhibición: publicar artículos impresionantes en momentos clave o realizar transmisiones en directo de experimentos, permitiendo a los inversores ver los avances y compartir los resultados. Esto no convierte la ciencia en entretenimiento, sino que utiliza el deseo humano de mostrar para captar la atención del capital y hacer que aquellos orientados al beneficio a corto plazo estén dispuestos a esperar resultados a largo plazo.

En resumen, la relación entre la ciencia y la financiera necesita ser reestructurada, y la clave está en "volver al ser humano": entender su impaciencia y aprovechar su deseo de mostrar para diseñar mecanismos financieros que se adapten realmente a las necesidades a largo plazo de la ciencia.