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¿Por qué las nuevas marcas quieren convertirse en “productos especiales para el turismo”?

原文:为什么新品牌们都想成为“旅游特产”?

Resumen del contenido principal

Este artículo analiza profundamente los cambios en la lógica del comercio minorista actual: de comprar productos “útiles” (como pato asado al vacío o tazas urbanas de Starbucks) a adquirir “certificados sociales” que demuestren nuestra singularidad, nuestro paso por un lugar o nuestra pertenencia a ciertos círculos. La brecha informativa ya no radica en el hecho de que alguien no conozca una función de un producto, sino en que no haya visto un determinado estilo o cultura; el placer de consumir también ha cambiado de recompensarse comprando cosas caras a obtener consuelo emocional con gastos menores. Los centros comerciales y las marcas deben aprovechar estos cambios para hacer que los clientes estén dispuestos a gastar dinero.

1. Hoy en día, lo que compramos no es la utilidad del producto, sino la sensación de escasez que representa el hecho de haber estado allí

Antes, llevábamos tazas urbanas de Starbucks cuando viajábamos; ahora, los extranjeros vienen a Shanghái en busca de bolsos PANE, compran camisetas limitadas de Uniqlo en Japón o bolsos tejidos en Tailandia. Estos artículos son, en esencia, “entradas” que demuestran que hemos estado en ese lugar y que hemos obtenido algo exclusivo de allí. Esta sensación de escasez es más importante que la función del producto en sí; compartirlos en las redes sociales genera envidia y satisface nuestro pequeño orgullo de ser diferentes. Antes, llevar un tapón de inodoro japonés se consideraba una elección funcional; hoy, comprar una camiseta limitada se trata de tener algo que los demás no tienen. Lo esencial sigue siendo la escasez, solo que ha pasado de ser una escasez funcional a una escasez de experiencia.

2. La mejora de los productos típicos de cada región: de ser simplemente “artículos locales” a tener un valor cultural

Antes, los productos típicos de cada lugar se basaban en lo que había allí (como pato asado al vacío o pegatinas para neveras producidas en Yiwu), aprovechando su valor cultural local (por ejemplo, el pato de Pekín o el lago del Oeste de Hangzhou). Hoy en día, con la mejora del transporte y la información, ya no nos faltan estos productos; en cambio, buscamos un valor cultural más profundo. Por ejemplo, la ropa PANE de Shanghái no solo es cómoda de usar, sino que también cuenta historias locales; el aroma Copenn de Tailandia utiliza ingredientes locales pero tiene un diseño a la altura de las marcas internacionales. La brecha informativa ha cambiado: antes era sobre si alguien conocía la utilidad de un producto (como los parches para dolencias en el hombro); ahora, se trata de si ha visto un determinado estilo o cultura (como la belleza única y atractiva de los productos hechos a mano en Xinjiang o la sensación artesanal de las hamburguesas de Jingdezhen). Estos elementos “nuevos” son una nueva fuente de valor informativo.

3. Comprar es como unirse a una comunidad: la socialización nos hace sentir que formamos parte de un grupo

Nadie quiere estar completamente solo; sin embargo, en lugar de seguir las tendencias generales, preferimos integrarnos en círculos más específicos. Por ejemplo, quienes aprecian una marca independiente compran sus productos para mostrar que comparten ese mismo estilo. Las marcas deben ayudar a los clientes a encontrar esos círculos: grupos como muva., que reúnen a personas con gustos similares; o marcas como Mianchuang Youpin y Pop Mart, que hacen que los jóvenes sientan que sus productos reflejan su gusto personal. Lo que compramos no es tanto el producto en sí, sino una “etiqueta de identidad” que demuestra a otros que pertenecemos a ese grupo interesante.

4. El placer de consumir: gastar poco para obtener consuelo emocional

Actualmente, las personas no se atreven a gastar mucho en artículos caros, pero comprar un café por 10 yuanes o un regalo sorpresa por 20 yuanes se ha convertido en algo habitual. Se trata de una forma de compensación emocional: la vida es estresante (con objetivos laborales, alquileres, relaciones personales, etc.), y necesitamos pequeños momentos de satisfacción. Estos gastos no son elevados, pero nos hacen sentir que podemos tratarnos un poco mejor y reducir la ansiedad. Por ejemplo, tomar una foto de una taza de café y compartirla en las redes no es para presumir, sino para recordarnos que también hay pequeñas felicidades en el día a día. Este tipo de “placer sustitutivo” se ha vuelto mainstream: no gastamos mucho, pero obtenemos satisfacción de manera continua.

5. Los centros comerciales deben más que crear ambientes atractivos: deben hacer que los clientes sientan que perderán capital social si no compran algo

Los centros comerciales intentan convertirse en “destinos para pequeñas vacaciones”: crean espacios con césped, organizan exposiciones, celebran mercados, pero a menudo las personas vienen y no compran nada. El problema radica en que solo ofrecen un entorno sin proporcionar razones claras para hacer una compra. Los clientes deben poder llevar algo que demuestre su visita (como tazas limitadas en cafeterías o bolsos urbanos en los centros comerciales). Estos artículos no son esenciales, pero si no los compramos, sentimos que nos hemos privado de material para compartir en las redes sociales, lo que representa una pérdida de capital social. Al igual que las tiendas de café independientes que venden productos relacionados con su marca, el objetivo no es ganar mucho dinero, sino hacer que la visita a ese lugar se convierta en un recuerdo tangible que motive una próxima visita.

En resumen

La esencia del comercio minorista nunca ha cambiado: siempre ha sido satisfacer la necesidad de sentirnos únicos y reconocidos. Lo que ha cambiado son los métodos utilizados para lograrlo: desde productos típicos locales hasta diseños culturales, pasando por brechas informativas basadas en funciones o estilos. Al comprender estos aspectos, podemos captar la atención de los consumidores actuales.