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Este artículo analiza el hecho de que las tasas de fertilidad en los tres países de Asia Oriental (Japón, China y Corea) han alcanzado niveles históricamente bajos y compara estos datos con los de Europa y América, señalando que Asia Oriental es la región con las tasas de fertilidad más bajas del mundo. El autor refuta la idea de que la falta de hijos se deba al egoísmo de los jóvenes, argumentando que las verdaderas razones son el poder parental, la mentalidad colectivista en la cultura asiática, la competencia desenfrenada en el ámbito educativo, la vinculación entre matrimonio y crianza, y los altos costos de vida. Estos factores hacen que las personas se resistan a asumir responsabilidades impuestas y a perder su autonomía en la sociedad moderna; no se trata de una resistencia al matrimonio o a tener hijos en sí, sino a estas obligaciones.
I. Tasas de fertilidad en Asia Oriental: mucho más bajas que en Europa y América, y han alcanzado un mínimo anticipadamente
Los datos de 2025 muestran que en Japón hay 670.000 nacimientos (15 años antes de lo previsto) y una tasa de fertilidad total de 1,14; en Corea, 250.000 nacimientos con una tasa de fertilidad de 0,8 (aunque es el nivel más alto en cuatro años, sigue siendo muy bajo); en China, la tasa de fertilidad es de aproximadamente 1,09, lo cual está mucho por debajo del umbral de 2,1 necesario para mantener la estabilidad demográfica. En Europa y América, aunque las tasas también están por debajo de 2,1 (Francia: 1,56; Inglaterra: 1,39; promedio en el norte de Europa: 1,5; sur de Europa: 1,29), son más altas que las de Asia Oriental.
Comprensión sencilla: La disposición de las personas en Asia Oriental para tener hijos es mucho menor que en Europa y América, y el momento en que se ha alcanzado este nivel tan bajo fue incluso antes de lo previsto, lo que indica que el problema es más grave de lo que se pensaba.
II. La cultura confuciana: de un factor de apoyo a la fertilidad a un obstáculo
En el pasado, se argumentaba que la tradición confuciana en Asia Oriental, que valora la continuidad familiar, debería aumentar las tasas de fertilidad. Sin embargo, el autor considera que esto es un concepto obsoleto:
- En épocas menos avanzadas: La autoridad de los padres (por ejemplo, "no hay tres formas de falta de piedad filial mayor que no tener descendencia") podía incentivar la fertilidad;
- En la era moderna: Los aspectos autoritarios de la cultura asiática y las normas morales falsas (como decir "es por tu propio bien") hacen que las personas se resistan. Por ejemplo, los jóvenes no quieren que sus padres decidan su trabajo o el momento en que se casan, ni desean sacrificar sus vidas por la continuidad familiar.
Comprensión sencilla: Antes, las personas tenían que seguir las decisiones de sus padres; ahora, los jóvenes quieren tomar sus propias decisiones, y esto choca con los valores confucianos, lo que lleva a una disminución en las tasas de fertilidad.
III. Relaciones familiares: un plan de vida "sin interrupciones" que obliga a los jóvenes a evitar el matrimonio
Las familias asiáticas prefieren un plan de vida muy estructurado: escuela primaria → secundaria → universidad → trabajo → matrimonio → hijos inmediatamente, lo cual consideran perfecto. Pero esto no deja espacio para respirar a los jóvenes:
- Casarse y tener hijos rápidamente: En China, la mayoría de las parejas tienen hijos 11 meses después de casarse, sin casi tiempo para una vida en pareja;
- Demasiada interferencia de los padres: Eligen la carrera, el trabajo e incluso lo que llevan puesto; una frase como "es por tu propio bien" puede anular las decisiones de los hijos. Por ejemplo, estudiar arte es considerado un desperdicio de tiempo, y ser soltero/a se interpreta como un problema de salud. Estas interferencias disuaden a los jóvenes de casarse.
IV. Presiones reales: competencia educativa desenfrenada + altos costos de vida
Además de la cultura, hay problemas más prácticos:
- Competencia educativa: La lucha por plazas en el jardín de infancia, clases de apoyo para matemáticas desde la primaria y la presión de los exámenes de ingreso a la universidad agotan tanto a padres como a hijos. Muchos consideran que no pueden permitirse tener hijos o que no serán buenos padres;
- Altos costos de vida: Los precios de la vivienda, los alimentos para bebés y las clases particulares, junto con la presión laboral (como trabajar 9 horas al día, 6 días a la semana) y el riesgo de desempleo, hacen que los jóvenes no puedan cuidar de sí mismos, por no hablar de tener hijos;
- Mentalidad colectivista: Asia Oriental valora la dependencia, como la tendencia a buscar empleos estables con beneficios, pero este deseo de seguridad es en realidad un miedo a la incertidumbre, lo que también disuade a los jóvenes de tener hijos.
V. Las mujeres que no se casan ni tienen hijos: no es egoísmo, sino autoprotección y resistencia
Se suele decir que las mujeres que no tienen hijos son egoístas, pero el autor cree que es un malentendido:
- Discriminación oculta: Por ejemplo, la responsabilidad exclusiva de criar a los hijos por parte de las madres (sin participación del padre) aumenta la presión psicológica;
- Conceptos obsoletos: Creencias como que "una mujer no es completa sin hijos" o que "tener hijos es una responsabilidad" vinculan el valor de las mujeres a la maternidad, lo que las lleva a optar por no casarse o no tener hijos.
Comprensión sencilla: Las mujeres no quieren tener hijos porque temen perder su identidad o ser tratadas injustamente después de hacerlo; es una forma de autoprotección, no egoísmo.
Conclusión
El autor afirma que la baja tasa de fertilidad en Asia Oriental no es culpa de los jóvenes, sino el resultado de la combinación de presiones culturales y económicas. Para resolver este problema, es necesario cambiar las viejas creencias y los altos costos que restringen a las personas.